04 marzo 2012

"La solución"



 Por Clauda Susana López Flores


Personajes:
Hugo: Un pobre chico con muchos problemas.
Aurora: Una humilde campesina, vecina de Hugo.
Jenna: Prima de Aurora.
Fernandita: Hermana menor de Aurora.


Lugar: En los alrededores de una recóndita aldea de Europa.


A orillas de un río se encuentra Hugo, está recostado en una roca, pensando en lo complicado que es ser él. A varios metros de él, Aurora y Jenna recogen frutos.

Entra Fernandita

         Aurora:         ¡Ya era hora que aparecieras!
         Jenna:          Recoge los frutos que hacen falta.
         Fernandita:    Bueno, recogeré los frutos que faltan, pero no se enojen    
conmigo, tan solo me distraje por unos minutos.
         Jenna:          Si trabajas no me enojaré.
                           
(Fernandita empieza a recoger los frutos)
(Aurora se sienta al lado de un árbol)

         Aurora:         ¿Ya vieron quien está ahí?
         Fernandita:    No logro reconocerlo, ¿Quién es?
         Jenna:          Quien más va a ser, es Hugo su vecino.
         Aurora:         Exacto, es Hugo. Pero qué tendrá...
         Jenna:          Yo lo miro muy normal.
         Aurora:         Pero no, él tiene algo.      
         Fernandita:    Notan que está como deprimido, triste, no se preocupado.
         Aurora:         Si… ¿Creen que sea por los problemas que tiene?
         Jenna:          No creo, es decir todos tenemos problemas ¿no?
         Aurora:         Es cierto, pero dicen que él si está mal.
         Fernandita:    Pues según se yo, le quitaran la casa donde está porque no han
pagado lo hipoteca.
         Jenna:          Yo sabía que tiene problemas en su casa y que se siente
                            rechazado por su familia.
         Aurora:         A mí me contaron que le han detectado una enfermedad
                            a la cual no le han encontrado cura.
         Fernandita:    Se sabe tantas cosas sobre él.
         Jenna:          Pero,  ¿Cuál será la verdad?
         Fernandita:    Nadie sabe, pero yo no quisiera estar en su lugar.     
         Jenna:          Ni yo, espero que encuentre una solución al problema que
tenga o problemas, quien sabe y tiene más de un problema.

(Las tres terminan de recoger los frutos,
toman sus cestas y voltean a ver al pobre Hugo)
        
         Fernandita:    ¡Dios que está haciendo!
         Jenna:          No puede ser, ¡Esa no es la solución!
         Aurora:         Hugo ¡Noooo!
        
                            (Tiran los cestos y salen corriendo)

         Jenna:          Es demasiado tarde. Ya está muerto.



"Acto primero"



Axel Andrés Ovalle

En una pequeña habitación al estilo ingles antiguo, con una cama en el centro, un armario al costado derecho, una gran ventana que da hacia un balcón, y un escritorio delante de ella, al otro lado un piano de madera. Noche de Luna llena. Elly; La protagonista confusa, joven de mediana edad, porta un vestido beige antiguo con una gran moña café en la espada. Se encuentra sentada en el escritorio escribiendo una carta.

Elly: -(a si misma). Aquí me despido de tus dulces intenciones. Digo adiós a las caricias que me llenaron de alivio, y tus tiernos labios que susurraban el “nunca te alejes” a mi oído. Ahora me marcho y me hago pequeña junto al camino, un blus acompaña mi partida,  estas nubes grises que desde hace días forman parte de este paisaje de melancolía, dolor y vergüenza. Lamento haber dejado que  las inseguridades fueran las confidentes en mis decisiones. Sé que no me mereces y ahora partiré con mi desdicha. (Dobla la carta y la deposita en un sobre, sellando al final con cera sus iníciales, al mismo tiempo se escucha un golpe en la ventana)
(Fedric; Primer amor de Elly, joven galán, de aspecto pícaro y valiente, utiliza unos pantalones holgados y un sombrero)

Fedric: -(entrando por la ventana, sacudiéndose el  pantalón)  Esta enredadera cada día se queda corta de flores acampanadas por las cuales poder trepar. (Se quita el sombrero y se dirige hacia Elly). ¿Querida mía te paso algo? Veo tu mirada perdida y tu respiración agitada... ¿Hay algo que me quieras decir?
Elly:- No, para nada. (Esconde la carta y se dirige a cerrar la ventana) solo analizaba la propuesta de viaje que me ha hecho mi padre.
Feric: -Aguarda.. ¡No me digas que consideras dejar el todo de un solo! ¿Tirar a la borda lo que pudiese ser tu mayor tesoro? Qué clase de propuesta más egoísta la que acabas de hacer…
Elly: -¿Egoísta dices? No sabes las oportunidades que se vienen... Mi padre podrá llevar a cabo el proyecto minero, y de mi madre.. De mi madre ni se hable, serían de  gran ingreso los productos que piensa exportar.
Fedric:- Egoísta… si! ¿Dónde me incluyo en tus planes?  ¿Regresaras por mí?
Elly: -Ya sabes lo que piensan mis padres de ti… El llevarte conmigo no será conveniente, ni en el equipaje.
Fedric: -(ofendido) ¡No hables más! ¿Cuándo dejaras de escuchar a tus padres y encaminarte a lo que tú deseas?
Elly: -Tú.. No me entiendes!
Fedric: -Lo hago! Solo déjame ayudarte.. No te vayas!
(Del otro lado de la habitación se escuchan pasos de aproximación y una voz grave entra en son con la discusión).
Voz: Elly, Tu madre necesita que bajes en estos instantes!
Fedric: (Desapareciendo por la ventana) Espero que sea tuya la decisión que tomes…
Elly: (aproximándose a la cerradura de la puerta, aprovecha a dejar lentamente, sobre el piano, la carta)

Salen de la habitación.





"Casablanca Lily"

Por Carmen Ovalle
·         
Lugar: El campo en Primavera
·        Lily: Niña soñadora

¾    Lily: (alzando la voz con alegría). Mi bella luna tan grande y redonda, me devuelves esta noche de nuevo la alegría. Las estrellas están brillando y puedo sentir el olor del campo. En el silencio de la noche escucho los grillos y cada vez que apareces puedo pasear por estos campos y ver tu reflejo en el agua del río. (La niña continúa caminando)

¾    Lily: (con tristeza y exaltada). No mi bella luna no te escondas de nuevo esta noche, no dejes que el sol alumbre el campo, quiero seguir caminando y sentir la vida. ¿Por qué no puedes quedarte más tiempo?

¾    Lily: (quedándose quieta en un lugar y tristeza). Está bien luna aquí me quedaré escondida durante el día y saldré a tu encuentro por la noche para poder caminar por estos bellos campos y ver brillar las estrellas.

Nota: Casablanca Lily es una flor que se abre por las noches.

"Familia Normal"

Por Gabriela Sosa

Personajes:

La madre
La abuela
El abuelo
La niña

1er. Acto

Madre: ¿escuchaste lo que mi hermano le dijo el otro día a la niña?
Abuela: ¿lo de “recuerdas cuando éramos una familia normal”? Sí…no sé qué tiene en la cabeza mi hijo. Familia normal….
Madre: bueno, un poco de normalidad no les vendría mal.
Abuela: ¿no fuiste tú la que le preguntó una vez si ella quería ser como los demás? Nunca lo ha sido y nunca lo será; y ella lo ha entendido, lo quiere así. ¿Ahora se te ocurre que sí debería serlo, entonces?
Abuela: sólo pienso que es necesario actuar un poco….(aparece un señor de metro ochenta)
Abuelo: La normalidad, querida, sabes que es relativa.
Abuela: hay ciertos patrones, sin embargo nos los criamos precisamente para estar dentro de ellos; tampoco a tus hijas. No les pidas menos ahora.

2ndo. Acto

Madre: Me preocupa.
Abuela: Estará bien.
Madre: Nunca duerme y apenas come. Y la otra, uy no, con esos novios que ha tenido.
Abuela: Calma que éste la trata bien y la cuida. En cuanto a la pequeña, sí come y sí duerme. Que no hagan las cosas a tu manera, no significa que estén mal hechas. Déjalas ser.
Madre: tú eres quien para hablar, que siempre quería todo a TU manera. Y, ¿dejarlas? Si ya lo hice, ese es problema. El trabajo de una madre no termina después de la muerte.
Abuela: ¿y el de una abuela sí? Además también fui madre, heme aquí sentada contigo ¿no? Podría estar viendo sobre el hombro de Vargas Llosa cómo escribe, ¿sabes?
Madre: ¡Ve entonces! Nunca te importó…(la interrumpe de nuevo el señor de metro ochenta).
Abuelo: con su permiso, solicito silencio; mi nieta está apunto de escribir una nueva historia. ¿Lograrán quedarse en silencio por primera vez en sus sesenta años juntas vivas y muertas o matarán su inspiración con tanto ruido?

La niña dejó de teclear; las ráfagas de viento que se escuchaban somatar la ventana habían cesado curiosamente de repente.

Niña (piensa en voz alta): Ay ya, de plano son los fantasmas; se han de haber aburrido e ido a ver a mi hermana.

Continua tecleando.

03 marzo 2012

"Un equipo"

Por María Fernanda Sandoval

Juan: El vendedor.
Estela de Ruiz: La secretaria.
El jefe.


En la salita de una oficina  poco iluminada con un escritorio grande lleno de fotografías alrededor, unos sillones  verdes, viejos  y  José Luis Rodríguez de música de fondo. Se escucha la cadena del baño. De  una de las dos puertas que están cerradas sale una señora arreglándose el vestido.

ESCENA #1


*Entra la secretaria y se sienta*
*Entra el vendedor*

Estela: Buenas tardes, ¿en que podemos ayudarlo?
Juan: Buenas tardes. Tengo algo que darle a su jefe.
Estela: Con mucho gusto, ¿quién es usted?
Juan: Yo soy yo, señora. Pero si lo que quiere es saber mi nombre, este es Juan Pérez.
Estela (buscando en la computadora): Disculpe Juan, no lo esperábamos. No tiene cita.
 Juan: ¿ esperábamos? Usted no, su jefe sí. Pasaré. (se encamina hacia la puerta)
 Estela (levantándose de su silla, enojada): Nosotros señor, somos un equipo. Yo sé que es lo que él hace y él manda lo que hago yo. Y usted no puede pasar, no tiene cita. 

*Suena el teléfono*

Estela: (contestando el teléfono) Buenas tardes ¿en que podemos ayudarle? Si, será un gusto atenderla. Por supuesto, no dude en comunicarse con nosotros.   
Juan: Podemos, nosotros, somos. Señora, déjeme preguntarle algo ¿quién usted? 
Estela: Soy la secretaria. Y me está robando tiempo.
Juan: No, no qué hace. ¿Quién es?
Estela: ¿Mi nombre? Es Estela de Ruiz.
Juan: De otro.
Estela: De nadie.
Juan: Tampoco suya. Usted no sabe quién es.

Estela: ¿A qué viene Juan?

Juan: Disculpe que le quite el tiempo, Estela. Pero… ¿sabe usted quienes son las secretarias?  Son mujeres capaces que hacen todo lo que sus jefes mandan, que anteponen los deseos de los demás a los suyos.
Que hablan en plural para olvidarse de ellas mismas. Que se vuelven amigas, confidentes, madres, cuidadoras de alguien que muchas veces hace alarde de superioridad. 

Estela: ¿Quién es usted Juan?
Juan: Un vendedor, ya se lo dije. Vendo lo que los demás necesitan. En esta oficina falta una identidad.

*Juan se sienta* 

ESCENA #2

*Entra el Jefe, no mira a Juan*

Jefe: ¡Arriba Estelita! Aún me falta mucho por hacer. Haz la carta de despido del vigilante, luego pásamela para que la firme.  Por cierto, prepara las invitaciones del día de la mujer, espero que a las demás secretarias les gusten. Y tráeme un café, lo necesito.  
Juan: La carta ya la hiciste, ¿no es así? él incluso ya la firmó. Las invitaciones te quedaron preciosas. Y el café lo necesitas más que él. 

"Los Mariachis"

Por Evelyn Revolorio

Personajes 
1.   El Vito: El trompetista, el jefe de los mariachis.
2. El gordo: Un mariachi que toca la "guitarrita"
3.  La Señorita: La cumpleañera
4. El Patrón: El dueño de la casa.
5. Los compadres: Todos los demás mariachis

1er Acto

En una colonia estilo colonial, habían casas de colores amarillos, blancos y marrones, y se conocía también por festejar a las cumpleañeras con mariachis en la madrugada.

Llegan los mariachis, a las 5:00 a.m., a la casa del Patrón

-El Vito: Bueno ¡Compadres!, llegamos a la casa del Patrón, bajen con cuidado y no hagan ruido con esos trastos del baúl.
-El gordo: ¡Tú!, el del guitarron, sale tonada, ven que tocamos juntos estas mañanitas
-El Vito: Compadres, ya van a ser las cinco de la madrugada, se me alistan y a la cuenta de tres... Uno, dos y...
-Los Compadres: ¡Mamasita, que estas tan bonita!, salte ya pa´ que cantemos una linda tonadita! ¡Hay, hay, allay! Estas son las mañanitas...

(Sale de la casa el Patrón)

-El Patrón:  ¡Cómo que mamasita!, que ustedes dijeron que? Esperen a mi abogado hoy a las siete empunto, que les va a bajar esta el pantalón, los dejara basillitos como una alcancía para navidad.
-El Vito: Esperece Patrón, no se me alquebreste, estábamos empezando las mañanitas, no ha oído la canción antes?, esperece que le cantamos bien sin el comienzo. 
-El Patrón: Esta bien, pero si no quedo satisfecho, ¡Los undo!
-Los Compadres: ... Despierta, mi bien despierta, mira que ya amaneció ya los pajaritos cantan y la luna ya se metió. ¡Que linda esta la mañana en que te eche el ojo, venimos todos con gusto y placer a checarte!
-El Patrón: ¡Pero que acaban de decir!

(La Señorita sale del balcón de su ventana)

-La Señorita: ¡Papá, que esta pasando aquí! ¡Me trajiste mariachis! ¡Tu sos el mejor papa de todos! (Abraza a su padre fuertemente)
-El Patrón: Bueno hija, pero estos mariachis no sirven...
-La Señorita: Cómo que no papa? ¡Son los más chistosos que e oído!


La Señorita entra a la casa, mientras el Patrón le paga a los mariachis para que hagan silencio.

Las Custodias del Santísimo


Por Julio Urízar

Personajes:
Tita: ministra de la pastoral “Custodias del Santísimo Sacramento”    
Doña Cata: ministra extraordinaria. Presidenta.
Norita: ministra. Tesorera.  
Mairita: nueva integrante de la agrupación, en formación para ministra, la más joven de todas.
Carmencita: integrante de la pastoral. Cocinera.
Zoilita: integrante de la pastoral. Encargada del grupo de los ancianos.
Minguita: integrante. Catequista.
Toribio: sacristán.
Padre Luis: párroco.
Pedro: seminarista.
Feligreses (hombres y mujeres).


1er Acto

Afuera de la iglesia. Mesas con ollas y canastos vacíos. Los últimos compradores se van. Los despiden con mucha alegría. Doña Cata se acerca con la caja de zapatos y se pone en el medio.

Doña Cata: La misión ha sido un éxito, señoras. Se acabó todo, ¿verdad?
Tita: a mí me quedaron un par de rodajas de magdalena. Se las voy a regalar al padre. Pero sí, creo que lo logramos.
Norita: aquí quedó un poco de café.
Doña Cata: Ah, tomémonoslo de una vez. Se me secó el buche de tanto gritar. (Se sirven café y beben despacito)
Carmencita: mis rellenitos fueron los que mejor se vendieron.
Zoilita: pues yo vi que se fueron más rápido las tostadas de la Mairita. Tan sabrosas que se veían.
Minguita: eso porque el sacristán se la estuvo robando.
Zoilita: no sea habladora, chula. Le regalamos unas cuantas, sí, el pobre que se mantiene aquí todo el día y es tan entregado.
Minguita: entonces van a tener que reponerlas ustedes, si no, no nos salen las cuentas.
Zoilita: esta tan tacaña que nos salió. Este su café, Norita, parece agua de calcetín. Vaya que se vendió.
Norita: es que ya casi ni tenía, usted. Pero lo endulcé bastante. Pues sí…
Mairita: Pues que no. Doña Dominga tiene razón. No tengan pena, yo pongo lo que le regalamos a Toribio, recordemos que lo hacemos por el padre Luis. Y por si preguntan, también le regalé unas sus dobladas al seminarista.
Carmencita: ¿El joven Pedro?
Mairita: Si… él. Ya ve que es tan bueno con nosotras.
Minguita: con usted, sobre todo.
Mairita: No se preocupen que yo repongo lo que haga falta.
Minguita: pues ojalá.
Carmencita: para que sepan, yo también le regalé unos sus tamalitos a don Ponchito, el pobre no traía mucho dinero. Después ajusto también con lo que haga falta. Pues, si es que lo que falta es el valor de dos de queso y un tayuyo… y una taza de café, y también una champurrada de las de Tita.
Norita: ya mero hace un chompipe y se lo regala la Carmencita.
Carmencita: cállese usted. Es que de verdad uno se siente cuando uno tiene hambre y no tiene dinero y todos están comiendo a la par. Ante todo estamos en la iglesia, recuérdense.
Zoilita: a mí se me hace que la Carmencita nos está cantineando al viejito. Todos los miércoles el chulo me pregunta por ella en el grupo de los de la tercera edad.
Norita: tal vez le pone polvos venamí a los pastelitos.
Carmencita: ay, no, lo que se inventan ustedes. Ya estamos grandes para esas cosas. Imagínense. El Poncho y yo, sí, fuimos novios el otro día. Era más feo pero a mí de todos modos me gustaba. Pero como no se apuraba y se me atravesó el finado Rubén, ya ven, ni modo… Si estuviéramos como la Mairita, chulos, galanes, pues sí, así sí me animo…
Mairita: pero usted todavía puede, Carmencita.
Carmencita: ya no, linda. Pero usted, a usted le deben de llover los patojos…
Mairita: pues viera que no.
Minguita: tan santa es que la deben creer monja.
Zoilita: pues sí, claro, esta muchacha es muy buena, fíjese, Minguita. Si es que se casa aquel que sea su esposo será muy afortunado.
Mairita: tan habladoras ustedes, pues sí doña Carmencita, usted todavía está a tiempo, dele alas a don Ponchito.
Carmencita: Ay, Dios, m’ija. Ya estoy vieja, y además bien entregada a la pastoral.
Doña Cata: si casi aquí vive la chula.
Norita: quien habla.
Doña Cata: pues sí, con nosotras se entiende. Carmencita le hace la comida a toda la parroquia y yo soy la presidenta del equipo de liturgia. La que más responsabilidades tiene. Sin mí las Custodias del Santísimo se vienen abajo.
Tita: es cierto.
Norita: (aparte) Como no tiene nada que hacer.
Doña Cata: ¿y acaso usted si? Sus canarios no deben ser mucho trabajo, supongo.
Norita: pues fíjese que me ocupan bastante. Aunque ese no es trabajo. A mis animalitos yo los cuido como si fueran mis hijos y los hijos, como dice el padre, aunque yo no tuve, nunca son un trabajo.
Doña Cata: ya ve, no tiene nada que hacer.
Norita: pues sí, pero al menos hago más que usted… en mi casa. Como debe ser una mujer arrecha.
Tita: va, pues chulas, no se peleen. Mejor contemos las ganancias.
Mingüita: allí se recuerdan que falta lo del Toribio y lo de Don Poncho. …Y lo de Pedrito.
Zoilita: si, ya sabemos. A ver, nuestra tesorera.
Norita: Para que vean que sí hago algo (abre la caja de zapatos y empieza a contar con todas alrededor) Cincuenta, setenta, más cinco… y otros cinco, ochenta, más cinco, ochenta y cinco y otros cinco, noventa, noventa y nueve y otros cuatro… ciento… ciento… ¡ciento tres!, ciento tres… más cuatro… ciento nuev… no, no es ciento nueve, ¡Ay, ya me confundí! Voy a empezar otra vez.
Doña Cata: (a Tita) ya ve que ni puede sumar.
Mairita: yo la ayudo, Doña Norita.
Norita: gracias, nena. (El grupo se divide para vigilar muy de cerca las manos de las dos contadoras).
Norita: (cuenta en susurros) ochenta, noventa, cien, ciento veinte, ciento veinticuatro, ciento veinte siete, ciento treinta y dos…
Mingüita: ¡Se confundió!
Norita: mentira. Ahora sí lo estoy haciendo bien.
Mingüita: No, yo la vi. Puso uno de diez y contó nada más cinco.
Norita: va pues. Otra vez: diez, veinte, setenta, ochenta y cuatro…
Mairita: ya terminamos. Tenemos aquí trescientos diez y nueve, y veinte centavos. ¿Y ustedes?
Doña Cata: A esta pobre que no le da la cabeza. A ver, mejor cuente usted, Tita.
Norita: dele pues. Pero conste que ya es la edad. A todas les pasa.
Zoilita: a mí no me meta que no soy tan vieja.
Carmencita: tan grosera la Zoilita. Si aquí nadie es vieja. Sólo se sienten viejas las que se pintan el pelo.
Minguita: es verdad. Como esas viejas fufurufas que vienen a la misa del  domingo.   
Doña Cata: (tocándose el pelo) pues no tiene nada de malo ponerse unos rayitos.
Norita: ¡unos brochazos!
Doña Cata: A ver, Tita, ¿cuánto hay?
Tita: (dejando el último billete sobre la mesa) Quinientos sesenta y cinco cabales.
Mairita: más trescientos diez y nueve…
Zoilita: ¡Ochocientos ochenta y cuatro…! Con veinte.
Carmencita: bien buza usted para las sumas, verdad.
Zoilita: ya ve que no soy tan vieja. Por eso la tesorera debería ser yo.
Norita: Dios nos libre…
Zoilita: ¿Qué dice, Nora?
Norita: que ya está enfriando. Dios nos libre de una recogida.
Mairita: El padre va a estar tan contento cuando le demos el gusto.
Tita: Sí, verdad. Es que en esta parroquia somos bien unidos. Eso es lo que me gusta. El pobre necesita tanto este dinerito para su mamaíta.
Minguita: Pero no se les olvide lo de…
Todas: si, ya sabemos.
Mingüita: es que si una no les recuerda… (Empiezan a recoger todas sus cosas)
Doña Cata: se acuerdan que mañana viene el padre. Le damos la sorpresa después de la misa. Tita, usted se acuerda de venir a arreglar las flores.
Tita: sí, doña Cata.
Doña Cata: todas blancas, por ser Candelaria.
Tita: sí, doña Cata.
Doña Cata: Se acuerdan también del orden de las lecturas.
Norita: yo voy con la primera lectura.
Zoilita: no chula, esa me toca a mí. Así quedamos en la reunión de ayer, como usted ni se apareció…
Norita: entonces me tocan los salmos ¿cuáles eran?
Mairita: eso los tengo yo, doña Norita.
Norita: pero si siempre me tocan a mí.
Doña Cata: con la que nos hizo la semana pasada mejor descanse un poco.
Norita: ya estoy buena, sólo era un catarrito.
Minguita: (aparte) moquillo de sus canarios.
Norita: bueno, entonces hago la segunda lectura.
Tita: esa la va a hacer don Julian, la pidió desde la semana pasada.
Norita: ¿y si ayudo con la entrega de los sacramentos?
Doña Cata: sólo la ministra extraordinaria puede hacerlo y esa soy yo.
Norita: yo también soy del equipo de liturgia ¿Qué hago entonces?
Doña Cata: póngase a entregar el misal en la entrada.
Norita: ¿y si sostengo el platito?
Carmencita: el San Martincito lo va a hacer.
Tita: ¿Quién es el San Martincito?
Carmencita: el acolito, niña. El negrito feíto, hijo de don Pascual.
Doña Cata: Bien señoras, y señoritas. Así quedamos entonces. Gracias por su ayuda. Hoy si nos pusimos pilas, así tiene que ser siempre. (Se despiden entre sí) Nos vemos mañana.
Norita: se cuidan pues, buenas noches.
Zoilita: buenas noches.
Mairita: hasta mañana, que descansen.
(Van saliendo)
Carmencita: por cierto, Tita. ¿Cómo siguió su papito?
Tita: pues malito, doña Carmencita, allí vamos jalando.
Carmencita: ojalá se componga. Voy a rezar mucho por él. Bueno, las dejo, patojas, pasen buena noche. (Sale)
Tita: cuídese. Vamos nosotras también, Minguita (la toma del brazo) De verdad que ya está enfriando.
Minguita: si, vamos pues. La acompaño, de paso quiero visitar a su papá. Si es que no tiene problema.
Tita: no, no se preocupe. Vamos.
Minguita: Estas viejas sí que son puros chiles ¿no cree? Sobre todo la Cata y la Nora, cómo se tiran de duro. Por cierto, ¿no se ha fijado que la Mairita esa, tan santa que dicen, como que le anda moviendo el piso a Pedrito? ¡Un seminarista, vaya a saber usted! Eso, digo yo, eso sí que es pecado…
(Salen)

02 marzo 2012

Obra de teatro

Por Carlos Vásquez

Personajes

Lic. García
Teniente Delgado
Monseñor  Robledo

Lugar y argumento

En una celda en lo más profundo del convento a pocas horas de la ejecución de dos de los Conjurados...

Monseñor Robledo: (Sentado en una silla en el rincón de la celda) - Terrible desgracia, y justo a un día de la ejecución de nuestro plan, misteriosos son los designios divinos, hemos de pedir sabiduría, porque semejante revés no veo por donde se enmendará.

Lic. García: (Mientras caminaba en círculos dentro de la habitación) -!No entiendo cómo los oficiales se han enterado! Hemos tenido extremo cuidado con calcular cada detalle, !alguien tuvo que delatarnos!

Teniente Delgado: (Recostado en una columna) - Lo mejor será dejar todo a la suerte, hacer de cuenta que nada de esto ha sucedido, y hacernos los desentendidos, lo lamento por los condenados pero todo el plan ha sido una pérdida de tiempo