Por Julio Urízar
Personajes:
Tita:
ministra de la pastoral “Custodias del Santísimo Sacramento”
Doña
Cata: ministra extraordinaria. Presidenta.
Norita:
ministra. Tesorera.
Mairita:
nueva integrante de la agrupación, en formación para ministra, la más joven
de todas.
Carmencita:
integrante de la pastoral. Cocinera.
Zoilita:
integrante de la pastoral. Encargada del grupo de los ancianos.
Minguita:
integrante. Catequista.
Toribio:
sacristán.
Padre
Luis: párroco.
Pedro:
seminarista.
Feligreses
(hombres y mujeres).
1er Acto
Afuera de la iglesia. Mesas con ollas y canastos vacíos. Los
últimos compradores se van. Los despiden con mucha alegría. Doña Cata se acerca con
la caja de zapatos y se pone en el medio.
Doña Cata: La misión ha sido un éxito, señoras. Se acabó todo, ¿verdad?
Tita:
a mí me quedaron un par de rodajas de magdalena. Se las voy a regalar al padre.
Pero sí, creo que lo logramos.
Norita:
aquí quedó un poco de café.
Doña Cata:
Ah, tomémonoslo de una vez. Se me secó el buche de tanto gritar. (Se sirven
café y beben despacito)
Carmencita: mis rellenitos fueron los que mejor se vendieron.
Zoilita:
pues yo vi que se fueron más rápido las tostadas de la Mairita. Tan sabrosas
que se veían.
Minguita:
eso porque el sacristán se la estuvo robando.
Zoilita:
no sea habladora, chula. Le regalamos unas cuantas, sí, el pobre que se
mantiene aquí todo el día y es tan entregado.
Minguita:
entonces van a tener que reponerlas ustedes, si no, no nos salen las cuentas.
Zoilita:
esta tan tacaña que nos salió. Este su café, Norita, parece agua de calcetín.
Vaya que se vendió.
Norita:
es que ya casi ni tenía, usted. Pero lo endulcé bastante. Pues sí…
Mairita:
Pues que no. Doña Dominga tiene razón. No tengan pena, yo pongo lo que le
regalamos a Toribio, recordemos que lo hacemos por el padre Luis. Y por si
preguntan, también le regalé unas sus dobladas al seminarista.
Carmencita: ¿El joven Pedro?
Mairita:
Si… él. Ya ve que es tan bueno con nosotras.
Minguita:
con usted, sobre todo.
Mairita:
No se preocupen que yo repongo lo que haga falta.
Minguita:
pues ojalá.
Carmencita: para que sepan, yo también le regalé unos sus tamalitos a
don Ponchito, el pobre no traía mucho dinero. Después ajusto también con lo que
haga falta. Pues, si es que lo que falta es el valor de dos de queso y un
tayuyo… y una taza de café, y también una champurrada de las de Tita.
Norita:
ya mero hace un chompipe y se lo regala la Carmencita.
Carmencita: cállese usted. Es que de verdad uno se siente cuando uno
tiene hambre y no tiene dinero y todos están comiendo a la par. Ante todo
estamos en la iglesia, recuérdense.
Zoilita:
a mí se me hace que la Carmencita nos está cantineando al viejito. Todos los
miércoles el chulo me pregunta por ella en el grupo de los de la tercera edad.
Norita:
tal vez le pone polvos venamí a los pastelitos.
Carmencita: ay, no, lo que se inventan ustedes. Ya estamos grandes
para esas cosas. Imagínense. El Poncho y yo, sí, fuimos novios el otro día. Era
más feo pero a mí de todos modos me gustaba. Pero como no se apuraba y se me
atravesó el finado Rubén, ya ven, ni modo… Si estuviéramos como la Mairita,
chulos, galanes, pues sí, así sí me animo…
Mairita:
pero usted todavía puede, Carmencita.
Carmencita: ya no, linda. Pero usted, a usted le deben de llover los
patojos…
Mairita:
pues viera que no.
Minguita:
tan santa es que la deben creer monja.
Zoilita:
pues sí, claro, esta muchacha es muy buena, fíjese, Minguita. Si es que se casa
aquel que sea su esposo será muy afortunado.
Mairita:
tan habladoras ustedes, pues sí doña Carmencita, usted todavía está a tiempo,
dele alas a don Ponchito.
Carmencita: Ay, Dios, m’ija. Ya estoy vieja, y además bien entregada a
la pastoral.
Doña Cata:
si casi aquí vive la chula.
Norita:
quien habla.
Doña Cata:
pues sí, con nosotras se entiende. Carmencita le hace la comida a toda la
parroquia y yo soy la presidenta del equipo de liturgia. La que más
responsabilidades tiene. Sin mí las Custodias del Santísimo se vienen abajo.
Tita: es
cierto.
Norita:
(aparte) Como no tiene nada que hacer.
Doña Cata:
¿y acaso usted si? Sus canarios no deben ser mucho trabajo, supongo.
Norita:
pues fíjese que me ocupan bastante. Aunque ese no es trabajo. A mis animalitos
yo los cuido como si fueran mis hijos y los hijos, como dice el padre, aunque
yo no tuve, nunca son un trabajo.
Doña Cata:
ya ve, no tiene nada que hacer.
Norita:
pues sí, pero al menos hago más que usted… en mi casa. Como debe ser una mujer
arrecha.
Tita: va,
pues chulas, no se peleen. Mejor contemos las ganancias.
Mingüita:
allí se recuerdan que falta lo del Toribio y lo de Don Poncho. …Y lo de
Pedrito.
Zoilita:
si, ya sabemos. A ver, nuestra tesorera.
Norita:
Para que vean que sí hago algo (abre la caja de zapatos y empieza a contar con
todas alrededor) Cincuenta, setenta, más cinco… y otros cinco, ochenta, más
cinco, ochenta y cinco y otros cinco, noventa, noventa y nueve y otros cuatro…
ciento… ciento… ¡ciento tres!, ciento tres… más cuatro… ciento nuev… no, no es
ciento nueve, ¡Ay, ya me confundí! Voy a empezar otra vez.
Doña Cata:
(a Tita) ya ve que ni puede sumar.
Mairita:
yo la ayudo, Doña Norita.
Norita:
gracias, nena. (El grupo se divide para vigilar muy de cerca las manos de las
dos contadoras).
Norita:
(cuenta en susurros) ochenta, noventa, cien, ciento veinte, ciento
veinticuatro, ciento veinte siete, ciento treinta y dos…
Mingüita:
¡Se confundió!
Norita:
mentira. Ahora sí lo estoy haciendo bien.
Mingüita:
No, yo la vi. Puso uno de diez y contó nada más cinco.
Norita:
va pues. Otra vez: diez, veinte, setenta, ochenta y cuatro…
Mairita:
ya terminamos. Tenemos aquí trescientos diez y nueve, y veinte centavos. ¿Y
ustedes?
Doña Cata:
A esta pobre que no le da la cabeza. A ver, mejor cuente usted, Tita.
Norita:
dele pues. Pero conste que ya es la edad. A todas les pasa.
Zoilita:
a mí no me meta que no soy tan vieja.
Carmencita: tan grosera la Zoilita. Si aquí nadie es vieja. Sólo se
sienten viejas las que se pintan el pelo.
Minguita:
es verdad. Como esas viejas fufurufas que vienen a la misa del domingo.
Doña Cata:
(tocándose el pelo) pues no tiene nada de malo ponerse unos rayitos.
Norita:
¡unos brochazos!
Doña Cata:
A ver, Tita, ¿cuánto hay?
Tita:
(dejando el último billete sobre la mesa) Quinientos sesenta y cinco cabales.
Mairita:
más trescientos diez y nueve…
Zoilita:
¡Ochocientos ochenta y cuatro…! Con veinte.
Carmencita: bien buza usted para las sumas, verdad.
Zoilita:
ya ve que no soy tan vieja. Por eso la tesorera debería ser yo.
Norita:
Dios nos libre…
Zoilita:
¿Qué dice, Nora?
Norita:
que ya está enfriando. Dios nos libre de una recogida.
Mairita:
El padre va a estar tan contento cuando le demos el gusto.
Tita: Sí,
verdad. Es que en esta parroquia somos bien unidos. Eso es lo que me gusta. El
pobre necesita tanto este dinerito para su mamaíta.
Minguita:
Pero no se les olvide lo de…
Todas:
si, ya sabemos.
Mingüita:
es que si una no les recuerda… (Empiezan a recoger todas sus cosas)
Doña Cata:
se acuerdan que mañana viene el padre. Le damos la sorpresa después de la misa.
Tita, usted se acuerda de venir a arreglar las flores.
Tita: sí,
doña Cata.
Doña Cata:
todas blancas, por ser Candelaria.
Tita: sí,
doña Cata.
Doña Cata:
Se acuerdan también del orden de las lecturas.
Norita:
yo voy con la primera lectura.
Zoilita:
no chula, esa me toca a mí. Así quedamos en la reunión de ayer, como usted ni
se apareció…
Norita:
entonces me tocan los salmos ¿cuáles eran?
Mairita:
eso los tengo yo, doña Norita.
Norita:
pero si siempre me tocan a mí.
Doña Cata: con la que nos hizo la semana pasada mejor descanse un
poco.
Norita:
ya estoy buena, sólo era un catarrito.
Minguita:
(aparte) moquillo de sus canarios.
Norita:
bueno, entonces hago la segunda lectura.
Tita: esa
la va a hacer don Julian, la pidió desde la semana pasada.
Norita:
¿y si ayudo con la entrega de los sacramentos?
Doña Cata:
sólo la ministra extraordinaria puede hacerlo y esa soy yo.
Norita:
yo también soy del equipo de liturgia ¿Qué hago entonces?
Doña Cata:
póngase a entregar el misal en la entrada.
Norita:
¿y si sostengo el platito?
Carmencita: el San Martincito lo va a hacer.
Tita: ¿Quién
es el San Martincito?
Carmencita: el acolito, niña. El negrito feíto, hijo de don Pascual.
Doña Cata:
Bien señoras, y señoritas. Así quedamos entonces. Gracias por su ayuda. Hoy si
nos pusimos pilas, así tiene que ser siempre. (Se despiden entre sí) Nos vemos
mañana.
Norita:
se cuidan pues, buenas noches.
Zoilita:
buenas noches.
Mairita:
hasta mañana, que descansen.
(Van saliendo)
Carmencita: por cierto, Tita. ¿Cómo siguió su papito?
Tita:
pues malito, doña Carmencita, allí vamos jalando.
Carmencita: ojalá se componga. Voy a rezar mucho por él. Bueno, las
dejo, patojas, pasen buena noche. (Sale)
Tita:
cuídese. Vamos nosotras también, Minguita (la toma del brazo) De verdad que ya
está enfriando.
Minguita:
si, vamos pues. La acompaño, de paso quiero visitar a su papá. Si es que no
tiene problema.
Tita: no,
no se preocupe. Vamos.
Minguita:
Estas viejas sí que son puros chiles ¿no cree? Sobre todo la Cata y la Nora,
cómo se tiran de duro. Por cierto, ¿no se ha fijado que la Mairita esa, tan
santa que dicen, como que le anda moviendo el piso a Pedrito? ¡Un seminarista,
vaya a saber usted! Eso, digo yo, eso sí que es pecado…
(Salen)