Ai! laurië lantar lassi sûrinen!
Yêni ûnôtime ve râmar aldaron,
yêni ve lintë yuldar avânier
mi oromardi lisse-miruvôreva
Andûne pella, Vardo tellumar
un luini yassen tintilar i eleni
ômaryo airetâri-lîrinen.
Sî man i yulma nin enquantuva?
An sî Tintallë Varda Oiolossëo
ve fanyar mâryat Elentâri ortanë
ar ilyë tier undulâve lumbulë;
ar sindanôriello caita mornië
i falmalinnar imbë met, ar hîsië
untûpa Calaciryo mîri oialë.
Sî vanwa na, Rômello vanwa, Valimar!
Namârië! Nai hiruvalyë Valimar.
Nai elyë hiruva. Namârië!
¡Ah, como el oro caen las hojas en el viento!
E innumerables como las alas de los árboles son los años. Los
años han pasado como sorbos
rápidos y dulces de hidromiel blanco
en las salas de más allá del Oeste, bajo las bóvedas azules de
Varda,
donde las estrellas tiemblan cuando oyen
el sonido de esa voz, bienaventurada y real.
¿Quién me llenará de nuevo la copa?
Pues ahora la Hechicera, Varda,
la Reina de las Estrellas,
desde el Monte Siempre Blanco
ha alzado las manos como nubes,
y todos los caminos se han ahogado en sombras,
y la oscuridad que ha venido de un país gris se extiende
sobre las olas espumosas que nos separan,
y la niebla cubre para siempre las joyas de Calacirya.
Ahora se ha perdido, ¡perdido para aquellos del Este,
Valimar!
¡Adiós! Quizá encuentres a Valimar.
Quizá tú lo encuentres. ¡Adiós!
Yêni ûnôtime ve râmar aldaron,
yêni ve lintë yuldar avânier
mi oromardi lisse-miruvôreva
Andûne pella, Vardo tellumar
un luini yassen tintilar i eleni
ômaryo airetâri-lîrinen.
Sî man i yulma nin enquantuva?
An sî Tintallë Varda Oiolossëo
ve fanyar mâryat Elentâri ortanë
ar ilyë tier undulâve lumbulë;
ar sindanôriello caita mornië
i falmalinnar imbë met, ar hîsië
untûpa Calaciryo mîri oialë.
Sî vanwa na, Rômello vanwa, Valimar!
Namârië! Nai hiruvalyë Valimar.
Nai elyë hiruva. Namârië!
¡Ah, como el oro caen las hojas en el viento!
E innumerables como las alas de los árboles son los años. Los
años han pasado como sorbos
rápidos y dulces de hidromiel blanco
en las salas de más allá del Oeste, bajo las bóvedas azules de
Varda,
donde las estrellas tiemblan cuando oyen
el sonido de esa voz, bienaventurada y real.
¿Quién me llenará de nuevo la copa?
Pues ahora la Hechicera, Varda,
la Reina de las Estrellas,
desde el Monte Siempre Blanco
ha alzado las manos como nubes,
y todos los caminos se han ahogado en sombras,
y la oscuridad que ha venido de un país gris se extiende
sobre las olas espumosas que nos separan,
y la niebla cubre para siempre las joyas de Calacirya.
Ahora se ha perdido, ¡perdido para aquellos del Este,
Valimar!
¡Adiós! Quizá encuentres a Valimar.
Quizá tú lo encuentres. ¡Adiós!
-John Ronald Reuel Tolkien, El señor de los anillos La
comunidad del anillo, p. 526
comunidad del anillo, p. 526
Este poema es recitado por Galadriel cuando La Comunidad del Anillo abandona Lôrien, un bosque poblado por altos elfos. Namârië significa Adiós.
Este fragmento es uno de mis favoritos de mi autor favorito, no debido a la fuerza de sus palabras o a una idea sublime, sino a la gracia y belleza del lenguaje más completo que Tolkien, profesor de lenguas de la Universidad de Oxford, creó: el Quenya. Imagínense la dificultad de tan larga faena, la creación de un lenguaje. Y sin embargo, Tolkien no creó una lengua, sino más de diez: Quenya, Sindarin (la lengua noble), Adûnaico (lengua vernácula de Nûmenor), Westron (lengua común), Telerin (el lenguaje de los elfos del mar), Doriathrin (lengua materna de Lûthien), Nandorin (la lengua de los elfos del bosque), Sindarin Antiguo (eslabón evolutivo entre el élfico primitivo y la lengua de los elfos verdes), Ilkorin (una lengua perdida), Khuzdul (la lengua secreta de los enanos), Éntico (talvez lo hayan escuchado en la película de Las dos torres, lenguaje lento en el que no se dice nada que no valga la pena decir), Orco y Lengua Negra (la lengua de Mordor), Valarin, Élfico Primitivo. Y en su juventud aprendió y mejoró tres lenguajes inventados por allegados a él. Animálico (inventado por Mary y Marjorie Incledon, primas de Tolkien), Nevbosh (el nuevo sinsentido, eso significa nevbosh, literalmente. Inventado por jóvenes amigos de Tolkien), Naffarin (una mejora del Nevbosh que se perdió en el tiempo, al menos sabemos que vrú significa siempre).
Este fragmento es uno de mis favoritos de mi autor favorito, no debido a la fuerza de sus palabras o a una idea sublime, sino a la gracia y belleza del lenguaje más completo que Tolkien, profesor de lenguas de la Universidad de Oxford, creó: el Quenya. Imagínense la dificultad de tan larga faena, la creación de un lenguaje. Y sin embargo, Tolkien no creó una lengua, sino más de diez: Quenya, Sindarin (la lengua noble), Adûnaico (lengua vernácula de Nûmenor), Westron (lengua común), Telerin (el lenguaje de los elfos del mar), Doriathrin (lengua materna de Lûthien), Nandorin (la lengua de los elfos del bosque), Sindarin Antiguo (eslabón evolutivo entre el élfico primitivo y la lengua de los elfos verdes), Ilkorin (una lengua perdida), Khuzdul (la lengua secreta de los enanos), Éntico (talvez lo hayan escuchado en la película de Las dos torres, lenguaje lento en el que no se dice nada que no valga la pena decir), Orco y Lengua Negra (la lengua de Mordor), Valarin, Élfico Primitivo. Y en su juventud aprendió y mejoró tres lenguajes inventados por allegados a él. Animálico (inventado por Mary y Marjorie Incledon, primas de Tolkien), Nevbosh (el nuevo sinsentido, eso significa nevbosh, literalmente. Inventado por jóvenes amigos de Tolkien), Naffarin (una mejora del Nevbosh que se perdió en el tiempo, al menos sabemos que vrú significa siempre).
Si los confunde la pronunciación cabe decir que las vocales con un circunflejo se pronuncian de forma larga y abierta, no son necesariamente sílabas tónicas. La letra C se pronuncia siempre como K sin importar si precede a la E o I. La H se pronuncia como en el inglés.
Para escuchar un ejemplo de Quenya perfecto pueden escuchar una grabación del mismísimo Tolkien
recitando el poema que acabo de compartirles: http://www.youtube.com/watch?v=6de_SbVUVfA
Namârië!... digo, ¡Adiós!