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16 julio 2012

Por María Fernanda Sandoval

Un día los perritos y los gatitos del pueblo decidieron probar su inteligencia. Así que idearon una manera de medirla. 

¡Inventemos un juego que nos muestre quién es el más inteligente! -Dijo el gatito Angora. 
¡Perros contra gatos! -Grito un Chihuahua. Y todos estuvieron de acuerdo. 

El juego era simple: Los perros esconderían detrás la colina del pueblo algo que el equipo de los gatos debía adivinar. Cada día de la semana los gatos tendrían una oportunidad de decir qué era aquello escondido. Si al llegar el domingo en la tarde no acertaban, los perros ganaban, es decir los gatos morían en el juego. Si con las pistas que los perros debían darles los gatos sí descubrían lo que era, los cachorritos morían, es decir perdían. 

El lunes los perros dieron la primera pista: "Es algo que sirve para guardar." Los gatitos después de dialogar entre ellos dijieron: "Ah, muy fácil. Su objeto escondido es una caja." Pero no, los minínos habían cometido su primera equivocación. 

El día Martes el Pastorcito Alemán les dio otra pista: "Necesita baterías" Esta vez fue el gato Persa el que se equivocó diciendo que el objeto misterioso era un juguete. Así pasaron los días, y no importaban las pistas que los perros daban los gatos no podían adivinar qué era el objeto misterioso. 

Mish, el más pequeño de los gatitos que era muy curioso. No soportaba no saber qué era el objeto y veía como los días pasaban sin que sus amigos lograran adivinar. La situación lo empezaba a desesperar, nadie lograba acertar. 

El día sábado decidió perder la curiosidad. Se puso las botas y se dirigió él solito al campo, subió la colina y al bajarla, ¡sorpresa! ¡El objeto misterioso era una cámara de video! En donde el pobre Mish quedó grabado haciendo trampa. 

Los perros, que sabían que Mish no iba a soportar no saber que era el objeto, habían ideado un plan para ganar el juego. Al día siguiente, cuando notaron como el gatito había caído en su trampa no podían parar de reír. 

Los míninos, en cambio estaban muy enojados con Mish, por su culpa los cachorros se creían más inteligentes. ¡Él los había hecho morir a todos!  Dicen las abuelitas, que desde ese entonces las personas usan la frase "la curiosidad mató al gato." Por aquél gato travieso que no siguió las reglas del juego.

07 julio 2012

De la elegancia

Por María Fernanda Sandoval

No importa cuanto lo nieguen allá afuera, somos parte de lo establecido por el sistema. Aunque en un principio luchamos por no formar parte de lo determinado, poco a poco terminamos usando máscaras que ocultan lo que verdaderamente sentimos, disfraces tras los cuales aprendimos a esconder nuestras alas de pájaros vencidos.  No lo digo frente a nadie, puedo imaginar sus respuestas. Dirán que solo pasa en mi cabeza, que los demás son esencia y forma pura, que no fingen como yo lo hago. Pero no puedo creerles y sé que ellos tampoco se creen, dicen la vieja  y usada definición de ser auténtico, solamente repiten lo que dicta el guión. 

Mi entorno, mi mundo, mi realidad, se reduce a barata utilería. La falsa tristeza cuando alguien muere, la sorpresa ante el mundo que empeora, la supuesta alegría tras los logros y la pena ante el fracaso de los otros, ya solo forman parte de la acotación. Pasó el tiempo y aprendí a actuar como querían que actuara, a decir lo que esperaban oír, a creer en todo lo que me enseñaron. Me doy cuenta, a la mitad de mi vida que no soy yo, soy ellos, quienes no son nadie. Todo por miedo a quedar descubierto y a tener que fijar la vista en mí mismo, a tomar decisiones y construir yo el camino, en lugar de formarme y adaptarme al molde. 

Me dan la bienvenida a lo que llaman éxito, me buscan un disfraz y preparan para el bailePorque esto no es más que un teatro. La representación de una antigua tragedia griega, de las que se estudian y analizan en un curso de literatura, de esas que parecen absurdas y desgarran, culminando en seco con un triste final. Aquellas que formaban parte de la antigüedad, deslumbrantes por las máscaras que deformaban a quien las usaba, esas mismas que evolucionaron y son, hoy en día, mi febril carta de presentación. 

¡Abrid el telón! Es un nuevo día y el actor de portafolios y traje oscuro aparece.

30 junio 2012

Sin título

 Por María Fernanda Sandoval
 
Al salir supo qué camino tenia que seguir. No volteó la mirada, llevaba el pasado en la memoria y en el corazón. Besó la cruz en su cuello e inició el largo viaje sin retorno. Había querido seguirla tantas veces pero este día por fin reunía todo el valor para marcharse. 

Esa mañana, cuando llegó a la cima se sintió el dueño del mundo, miraba desde arriba todas las casitas blancas derritiéndose bajo el sol y podía imaginarse caminando entre esas calles empedradas de anchas banquetas. Recogió sus maletas y bajó al nuevo pueblo, se encontró con un ambiente familiar, lo suficientemente tentador como para quedarse.  Con el tiempo fue haciendo de esa gente la suya, suyos los recuerdos y suya la historia de la ciudad. 

No le podía pedir más a la vida, le gustaba ese lugar, desde su hamaca y a las cinco de la tarde bajo el árbol de naranjas, mientras ella murmuraba el viejo bolero. Le gustaban los viernes entre amigos, como aquél lejano cuando eligió en él último trago, al final de una ranchera, fijar un poco mareado, el día de su boda, y escuchó, entre lágrimas pocas horas después el sí definitivo. Le gustaba envejecer bajo el sol, como le reprochaban en su antiguo pueblo, las pocas veces que había regresado.  

Pero ahora y sabía que para siempre, ni las casitas blancas, ni la sombra del naranjo, ni el viento de la noche, ni las cinco de la tarde podrían devolver un poco de lo que ella se había llevado. Vestido de luto se vio al espejo y encontró un corazón que no volvería a ser el mismo sin ella.

21 junio 2012

De sterrennacht

Por María Fernanda Sandoval


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La Noche Estrellada - Vincent Van Gogh


En medio del ataque de ira dirigió su mirada a la ventana, el valle estaba inmóvil y quieto, como siempre, vacío y sin vida; entonces sintó una punzada en el pecho, lo desgarró una profunda tristeza, el valle era también el mismo. Entre lágrimas y sollozos tomo el pincel y las pinturas derramadas por el suelo, empezó a llenar de habitantes el paisaje, pintando tantos hogares como pudo; el de Theo, el  de Albert, el de su madre, el del abuelo, la vieja iglesia puntiaguda, la que fue su casa en Paris, el taller de carpintería y la tienda de pinturas y revistas fueron suficientes para disipar su soledad. Después de pintar el fondo, tómo prestado el negro de la noche y lo mezcló con su melacolico azul, con lo que dio forma a las montañas que se veían a lo lejos, allí donde la bruma las hacía desaparecer y donde se encontraba con las maliciosas sombras que acostumbraban presagiarle en las noches su final. Pintó también el cielo, enredó el aire para que se asemejara a sus cabellos y sintió el escalofrío de aquel único beso. Y por último tomo el color amarillo; tan vibrante, reluciente y ajeno, y con la mueca de una sonrisa destruida llenó de estrellas el anochecer, intentado alumbrar tambien su alma.

17 junio 2012

Despedida

Por María Fernanda Sandoval

Desanuda poco a poco su garganta,
y recita en un triste tono azul:
"ya no puedo, la agonía no se aguanta
duele el tiempo, duele el suelo y dueles tú".

Pedacitos de perla resbalan con su llanto, 
él la mira y no consigue llorar,
"¿Te duele? ¿Cómo a mí? ¿Te duele tanto?" 
le pregunta, pretendiendo lastimar.

"Tus lagrimas huelen a pasado indiferente, 
tus besos saben a lo que sabe la traición, 
lo nuestro es solamente un burdo cuento
que huele a color rojo y a alcohol.

Ya no lleves mi destino en tu cartera, 
ni moldes con tus dedos mi canción,
aprenden a observar los oídos del que espera,
entendí: que ya no sientes más amor".

08 junio 2012

Retratando el pasado

Por María Fernanda Sandoval

-¿Cómo era él Abuela? 

... No era como los otros, era distinto. Un poco alto, un poco delgado, bastante informal. Tenías pies grandes y se sentía muy orgulloso de la cicatriz en su mano izquierda. Las muchachas guapas lo ponían nervioso, pero al sentirse nervioso no era como los demás, no se mordía las uñas, él con el dedo indice raspaba su pulgar. 

Era buen mozo, no como los otros buen mozos. No usaba lentes oscuros ni camisas abiertas, él encogía los hombros al sonreír. Era inteligente, no como todos los inteligentes. Dudaba de su inteligencia a seguido y odiaba las matemáticas. Creía en Dios de vez en cuando, jugaba bien al football, prefería decir la verdad aunque doliera, le gustaba mucho la música y habían canciones que lo hacían llorar. 

-Él era perfecto, era perfecto para mí. 

03 junio 2012

Las primeras veces...

Por María Fernanda Sandoval

Las primeras veces no son fáciles, en especial en un mundo distinto al tuyo.  En medio de mucho ruido había tomado una decisión y ese primer día comprendió que era para toda la vida. Con su camiseta de dibujos animados, su pantalón desteñido, sus tenis siempre negros y su infaltable gorra, entró al salón. Las señoritas de tacones y los muchachos de zapatos bien lustrados con camisas manga larga lo hicieron sentirse fuera de lugar. Sus opiniones eran maduras, parecían saber muy bien qué hacían allí, las palabras que utilizaban eran rebuscadas y sus voces parecían muy seguras. Se preguntó qué hacía allí, en medio de esas personas tan distintas. ¿Acaso había elegido mal?

Era el final del semestre y como siempre el licenciado dio los buenos días diez minutos después de  haber entrado al salón. Con su voz paciente y sus ademanes lentos, habló de las malas noticias que se amontonaban en los periódicos, de lo mal que estaba el país respecto a la justicia, la igualdad y la equidad y de lo poco esperanzador que se veía el futuro.  Cerró la clase con una pregunta lanzada al aire. Y allí fue donde el futuro abogado lo supo, con su camisa de dibujos animados, sus pantalones desteñidos y sus tenis siempre negros, en medio de tantos estudiantes bien vestidos que asentían a las palabras del catedrático; después de todo no había elegido mal, su país lo necesitaba y él, como el súper héroe de su camisa,  había encontrado su forma de cambiar el mundo. 

25 abril 2012

Crimen

Por María Fernanda Sandoval
Título de novela: Crimen


Capítulo I 

La primera vez que vi Paris llovía. Llovía a cantaros, o al menos así lo recuerdo. La gente común se cubría de la lluvia bajo las tiendas de libros usados. Las mujeres elegantes, en cambio,  caminaban seguras, con sus sonoros tacones y sus paraguas negros. Se sentía un ambiente triste y lóbrego, pero la torre Eiffel estaba tan encantadora como siempre. Pues ya fuera bajo estrellas, sol o lluvia, en otoño, verano o primavera, nada podía envilecer su encanto. O al menos así lo describió mi madre al volver a casa. 
Yo no pude ver la magia en París que todos dicen ver, ni el encanto de metal sobre metal. Y eso fue lo que le respondí a mi desorbitado padre cuando me preguntó cómo había sentido el viaje. Cosas de niños, respondió mi madre mientras me besaba en la frente, pero hoy veinte años después sostengo la conclusión que formulé a los seis.  Lo mismo me pasa con el amor, me sabe a París con lluvia sin encantadora torre Eiffel. 

Pero no vengo a hablarles de amor, no. Les ruego no den por terminado mi testimonio, vengo a contarles la historia de mi vida. Más antes necesitaba dejar mi única verdad clara, para que ustedes puedan entender por qué lo hice y dejen de juzgarme culpable.

22 abril 2012

Detrás de unos lentes de sol

Por María Fernanda Sandoval

La primera vez que la señora de la casa nos usó, fue una mañana de domingo, siguiente a una noche sin dormir. "En una cara tan bella no se pueden ver tremendas ojeras" le dijo él. Y nos regaló, muy bien empaquetados con el símbolo de la tienda más cara del lugar. Ella con una sonrisa se los puso, ¿me veo bien con ellos, no? preguntó mientras sonreía y abrazaba a su amado esposo. 

Tiempo después nos enteramos que esa noche en vela era culpa de él, y que si nos había elegido tan grandes y oscuros entre tantos parecidos a nosotros, tenía un motivo.  Fueron varias las noches de desvelos, pero la señora nos tenía guardados en el cajón. No tenía nada que ocultar. Si su esposo regresaba tarde tendría motivos para hacerlo. Ella se quedaba a esperarlo y lo recibía  de madrugada no importando que tan tarde fuera.

La noche que su esposo llegó bajó efectos de alcohol, sin esperar a que "se le pasará la borrachera" como aconsejaban sus amigos, lo supo... los motivos de tardanza no eran válidos. Su esposo repetía la misma historia que su suegro muerto años antes de cirrosis, un espectáculo en su medio, se enteraron todos y su pobre suegra a les tuvo que explicar. Fue el chisme del año, ella no podía repetir la historia.  Más lo hizo y al día siguiente, por la hinchazón de las lágrimas, empezó a usarnos. Los fines de semana empezaron a ser días entre semana, y nosotros aparecíamos cada vez más seguido. Los llantos en las noches fueron constantes y los gritos se hicieron constantes, también. 

Anoche sucedió, y parece que hoy no desparecemos a la mitad del día. Escuchamos el primer golpe, pero ella ni siquiera lloró. Se encerró en el cuarto mientras golpeaba la puerta y logró dormir, no le importaba demasiado. Dijo gente no se enteraría, y nos sacó del cajón, tan caros y glamurosos, como siempre, todo seguiría igual de siempre.  

En la calle nos miran, más nadie se atreve a preguntar que hay detrás nuestro. Un ojo morado, unas ojeras de espera y tantas lágrimas de resignación. No importa, nosotros sabemos aparentar.

15 abril 2012

Dos poemas

Por María Fernanda Sandoval 

 

A quien eras:

 Te extraño;
como de muerto, se extraña el sueño,
como en aeropuertos se extraña el cielo,
como un amante que extraña el duelo.

Te extraño.
Extraño tanto al que fuiste un día;
cabello largo, las manos frías,
sonrisa amplia, mirar sereno.

Te extraño,
y odio al tiempo,
y culpa a las horas,
de desconocer quién es ahora,
el que me mira y me recuerda a vos.

Te extraño,
Aunque estés sentado al lado mío;
ya no te tengo,
ya te he perdido,
porque cambiaste,
y cambié yo.


Mi amigo, El Loco.

Un día conocí a alguien,
"el loco", le llamaré.
El loco feliz y puro,
el loco que no perdió la fe.

El loco que desnudó el alma,
el loco que pudo ser feliz,
el loco que sostuvo la calma,
el loco que enseño a sonreír.

El loco que creyó en sí mismo,
   mucho antes que en los demás.
El loco que sin egoísmos,
aprendió y enseño a -intentar-


El loco, el aventurero,
que en él vio reflejado el sol.
El loco, el amigo, el bueno,
que quiso abrirme su corazón.

30 marzo 2012

Ganando Cielo

Por María Fernanda Sandoval
 
¡Mama! -Llegó gritando Juan  García a la casa- ¡Se les cayó el anda en plena procesión!

Doña Choya, como la llamaban en el pueblo, por la evolución Sofía-Chofa-Choya y por sus sesenta y pico años de edad, reía con las invenciones de Juan, el menor de sus hijos. ¡Pero que se metiera con las procesiones! Con las sagradas procesiones de su Jesús Sacramentado, de su Cristo bondadoso, de su Señor de los Señores.  Eso para ella era materia delicada. No le importó la cuarentena que tuvo que pasar en el hospital Carmelita cuando Juan le regaló ese misterioso perfume atrae abejas sabiendo de la alergia de ésta. Doña Choya se divertía viendo a la muchacha colorada e hinchada tratando de explicar por qué había dejado de ser novia de su hijo. Tampoco le importó la finísima escuela de perros parlantes, el negocio más fructífero que su hijo había tenido, recogiendo los chuchos de las calles y haciéndole creer al pueblo que eran ellos los que habían logrado ahuyentar a la Llorona; después de todo, los espantos también se espantan y la mujer fantasma en su eternidad de vida nunca había escuchado un perro hablar. Es más fue la misma doña Choya quien defendió a su hijo en tribunales, y ganó el juicio argumentando que la Llorona no se aparecía más por el pueblo, ya fuera por el pacto de ésta con Juan y el diezmo obligado a pagar por todos los habitantes del cual a la mujer espanto le tocaba la mitad, o ya fuera por la sofisticada mentira de la escuela de perros parlantes. Su hijito había logrado traer la paz en las noches de tiniebla, y eso era más de lo que nadie había hecho. Pero que se metiera con las procesiones, eso sí no. No con ella, que más que nada en su vida, quería ganarse el cielo. 

¿Que decís Juan? -le gritó a su hijo mientras le tiraba la paleta con la que estaba moviendo el almuerzo.- Mirá que las bromas con Chusito no se aceptan en ésta casa, el maligno anda presente y quiere hacerte cosas malas. Y te lo dice esta vieja negra que ha parido y dado de comer a vos y a tus veintitrés hermanos. 

Es verdad, viejita linda. -le respondió Juan mientras se persignaba tres veces- Se lo juró por ésta, mire. Se les cayó el Anda, a todos los cucuruchos. Fue como si todos se hubieran puesto manos aguadas al mismo tiempo. Por la valentía de mi papa que ya pronto va volver victorioso de la guerra contra los chafas. Por lo que usted quiera, se lo juro. 

A Doña Choyita se llenaron los ojos de lágrimas, como siempre que se mencionaba su valiente esposo. Que treinta años antes se había ido a pelear por los pobres, y que pronto regresaría, aún y contra las burlas del pueblo que la tildaba de loca porque no conocían a sus suegros, ni a sus cuñadas y no sabían que lo que distinguía a la familia de su esposo, es que no sabían morir. La gente los tachaba de brujos y chamanes y es obligaba a los pobres a cambiar constantemente de pueblo, todo por no haber aprendido a morir. 

Te creo Juanito -dijo después de dos horas de lágrimas Doña Choya- vamos a ayudar a levantar el anda. Que me viene bien un abonito a mi ganada de cielo.

25 marzo 2012

¡niña!

Por María Fernanda Sandoval
 
¡Niña! -Dijo tras la palmada en el escritorio  ¿Acaso no ve que la clase ha terminado? ¿Qué tiene allí?  
- Y revisando mi cuaderno, encontró mi variada selección de poemas escritos en sus clases aburridas.
¿Sus notas? -Preguntó con ironía. 

No, son solo apuntes importantes. -Respondí yo, mirando al suelo.

-El regresó el cuaderno a su lugar y señaló la puerta del salón ya vacío. 
No me gusta lo que piensa  -Me acusó, viéndome seriamente a los ojos- 
La vida es seria, no absurda poesía. 

Por supuesto señor, a nadie le gusta. -le dije yo-  Es por eso que lo escondo en mis cuadernos. 
Y con una delicada sonrisa dejé atrás al hombre molesto por mi falta de seriedad. 

No el mismo error -Se escuchó la voz de un observador en el pasillo-
Y el mundo siguió sin ella...

***

Poesía es el olor a tierra húmeda de una tarde gris, es el sabor dulce de los domingos por la tarde, es el lado traslucido del corazón.  ¿Qué sería de la historia sin los suspiros de amor de  Bécquer, la sutil tristeza de Cesar Vallejo o la guerra al alma de Pablo Neruda? Los poetas sanan corazones como ningún médico ha logrado hacerlo, rompen fronteras sin luchas directas  y derrocan gobiernos más que un corrupto político. Los poetas somos varios, pero hemos permanecido escondidos por el miedo a que no se nos aprecie. Privando al mundo de nosotros mismos, quitándole a la vida, lo que a veces simplemente... salva.

14 marzo 2012

"It wears her out"

Por Maria Fernanda Sandoval
Suena el despertador, tienes que levantarte. Cuentas hasta diez, respiras profundo, te sientas y te percinas. Aún no sabes si crees en Dios. Pero no puedes soportar más dudas que no te dejen dormir, las pastillas en la noche dejaron de hacer efecto. Te pones tu traje gris, te  calzas con tus tacones de cuero falso negro. Te colocas los lentes de contacto, el rubor, las pestañas, el pintalabios. Y alisas tu pelo.

No sientes el frío de la ciudad, desde hace mucho utilizas aire acondicionado. Ahora que lo piensas, no has sentido el aire, ni la lluvia, ni el sol. ¿Hace cuánto tiempo no sientes la grama bajo tus pies? ¿Te acostumbraste ya a los árboles de plástico?

De tu casa al carro, del carro al sótano y del sótano por elevador a la oficina. Tu mundo se redujo a paredes blancas y grises, a objetos tristes. Y te sorprendes allí sola en tu pequeña sala, con tu escritorio lleno y tu vida vacía.

Escapas al computador, respondes varios  “te quiero” que no existen y dibujas varias sonrisas aunque ningún músculo se mueve en tu rostro. ¿No sabes quien te mando este correo? ¿Qué más da? Tú ya no los conoces. Tus amigos no son amigos, no son personas, no puedes tocar a través de una pantalla. Tu realidad… virtual. Y tu alma de plástico, se empieza a derretir… 

11 marzo 2012

Un día menos para entender

Por María Fernanda Sandoval

Un día más, se escuchan los tacones de las secretarias que corren al trabajo y se siente el humo de los primeros cigarrillos de la mañana. Deben ser más de las siete, el sol ya quema sobre sus espaldas y el ruido de la ciudad no los deja concentrarse en dormir. Así que se quitan las bolsas de encima. Es una suerte que en la entrada de un hotel tan importante aún no haya guardia de seguridad, no es posible descansar en los parques en estas noches de lluvia. Las tripas les rugen, no saben si por hambre o por haber comido frutas podridas. Entre los cuatro casi logran juntar para su buena cena del mes, así que para no desperdiciar, decidieron comerse sus malabares y terminaron dándose un festín de naranjas viejas.  Lo hicieron frente al gran restaurante con el resbaladero de tres niveles, imaginándose que estaban allí, comiendo la hamburguesa del niño sentado adentro. Sus naranjas no saben igual, pero pueden imaginarlo mientras la muerden. El sonido de las tablas al jugar no debe ser el mismo que el del enorme resbaladero rojo, pero saben que se siente la misma emoción. Les espera un día largo así que doblan sus bolsas se lavan la carita y se paran frente a los cuatro semáforos cerca del redondel, el día de hoy tienen que juntar lo que les falta para poder al fin, cenar adentro.

Reporte tierra de arboles, número dos: Los agentes actuando de niños mendigos no funcionan. Aún siendo desamparados y más débiles, no logran conmoverlos.  Estos terrícolas no logran comprender el mensaje. La fecha límite sirvió para bromas, especulaciones y propagandas. Como hace un tiempo y cumpliendo nuestra promesa, tendremos que volver a eliminarlos.  

03 marzo 2012

"Un equipo"

Por María Fernanda Sandoval

Juan: El vendedor.
Estela de Ruiz: La secretaria.
El jefe.


En la salita de una oficina  poco iluminada con un escritorio grande lleno de fotografías alrededor, unos sillones  verdes, viejos  y  José Luis Rodríguez de música de fondo. Se escucha la cadena del baño. De  una de las dos puertas que están cerradas sale una señora arreglándose el vestido.

ESCENA #1


*Entra la secretaria y se sienta*
*Entra el vendedor*

Estela: Buenas tardes, ¿en que podemos ayudarlo?
Juan: Buenas tardes. Tengo algo que darle a su jefe.
Estela: Con mucho gusto, ¿quién es usted?
Juan: Yo soy yo, señora. Pero si lo que quiere es saber mi nombre, este es Juan Pérez.
Estela (buscando en la computadora): Disculpe Juan, no lo esperábamos. No tiene cita.
 Juan: ¿ esperábamos? Usted no, su jefe sí. Pasaré. (se encamina hacia la puerta)
 Estela (levantándose de su silla, enojada): Nosotros señor, somos un equipo. Yo sé que es lo que él hace y él manda lo que hago yo. Y usted no puede pasar, no tiene cita. 

*Suena el teléfono*

Estela: (contestando el teléfono) Buenas tardes ¿en que podemos ayudarle? Si, será un gusto atenderla. Por supuesto, no dude en comunicarse con nosotros.   
Juan: Podemos, nosotros, somos. Señora, déjeme preguntarle algo ¿quién usted? 
Estela: Soy la secretaria. Y me está robando tiempo.
Juan: No, no qué hace. ¿Quién es?
Estela: ¿Mi nombre? Es Estela de Ruiz.
Juan: De otro.
Estela: De nadie.
Juan: Tampoco suya. Usted no sabe quién es.

Estela: ¿A qué viene Juan?

Juan: Disculpe que le quite el tiempo, Estela. Pero… ¿sabe usted quienes son las secretarias?  Son mujeres capaces que hacen todo lo que sus jefes mandan, que anteponen los deseos de los demás a los suyos.
Que hablan en plural para olvidarse de ellas mismas. Que se vuelven amigas, confidentes, madres, cuidadoras de alguien que muchas veces hace alarde de superioridad. 

Estela: ¿Quién es usted Juan?
Juan: Un vendedor, ya se lo dije. Vendo lo que los demás necesitan. En esta oficina falta una identidad.

*Juan se sienta* 

ESCENA #2

*Entra el Jefe, no mira a Juan*

Jefe: ¡Arriba Estelita! Aún me falta mucho por hacer. Haz la carta de despido del vigilante, luego pásamela para que la firme.  Por cierto, prepara las invitaciones del día de la mujer, espero que a las demás secretarias les gusten. Y tráeme un café, lo necesito.  
Juan: La carta ya la hiciste, ¿no es así? él incluso ya la firmó. Las invitaciones te quedaron preciosas. Y el café lo necesitas más que él. 

23 febrero 2012

Mi diario

Por María Fernanda Sandoval


Mi Diario
20 de Febrero del 2012.
Me trajeron un cuaderno y un par de lapiceros. Para que empiece un diario, dijeron.  Yo inicié en la última hoja con las cuentas, espero que el seguro cubra a totalidad tanta amabilidad. Tengo tres enfermeras a mi disposición,  son pocas las personas aquí, debe de ser por eso. Han ya una semana y no entiendo por qué aún no me dejan salir. Es un milagro mi pronta recuperación, sí.  ¿Cuántos exámenes se necesitan para entenderlo y terminar con estos innecesarios tiempo perdido?

22 de Febrero del 2012.  
Por fin me pude ver al espejo, esperaba encontrarme enfermo y pálido. Soy el mismo de siempre, incluso gané peso, deben ser la rica comida de esta mujeres.  Si soy sincero las extrañaré, no me sentía tan cuidado desde mis ataques de asma en la niñez.  Mañana ya puedo salir, pero el doctor Jiménez me exigió regresar pronto con mi encefalograma.  Si no tengo ningún hueso roto, y me siento de maravilla no entiendo por qué insisten en los exámenes. Lo único que espero es la hora en salir de acá, tantos ojos en mí me ponen nervioso. 

25 de Febrero del 2012.
Los amigos sirven para divertirse, para bromear, para sacar lo salvaje de vez en cuando. Desde hace tiempo pensé que yo me había quedado sin ellos. Pero hoy celebraron conmigo la recuperación. Con tragos, cigarros y risas, como en los viejos tiempos. Estaba allí todo el grupo de secundaria y Paulita, mi secretaria, que resultó siendo novia de Jorge. Quedaron estupefactos cuando les conté con exactitud lo que pasó. Paulita incluso lloró cuando le mostré la página del periódico. La buena Paulita, Jorge tiene suerte.

01 de Marzo del 2012.
Hoy fue día de recibir llamadas. Mis hermanas angustiadas, no dejaron de preguntarme cómo me sentía. Quedé en verlas pronto, pero sé que no será así. Luego mis tíos, hermanos y hermanas de padre y madre, no me recordaba que eran tantos. Todos, llamaron para felicitarme, para darme ánimos.  Tantos años después, ¿qué los hizo acordarse de mí? Acaso les recordé a ellos. No morí de la misma manera, no los necesite cuando ellos se fueron y era un niño, menos quiero verlos ahora siendo un hombre.

12 de Marzo del 2012.
Sentí que volvía a verla. Su pelo lacio, oscuro y largo. Sus manos frágiles y temblorosas, su tono de voz. Alguna vez vi en la televisión que hay  siete rostros parecidos en el mundo, el de la muchacha que vi hoy y el del recuerdo que guardo de ella son idénticos. Lo del documental es una buena teoría.  Me asusté al principio, también debí asustarla. No todos los días una cajera de banco te recuerda tanto al pasado.  Espero soñar esta noche también con ella, cinco años no han sido suficientes para olvidarla.  Y una vida no me alcanzará para perdonar a quién la mando a otro lugar.  

13 de Marzo del 2012.
Hoy por fin regresé al trabajo, no parecieron notar mi ausencia. Entré a la oficina y me tope con muy pocas sonrisas de bienvenida, solo Paulita con el café de siempre en mi escritorio me hizo sentir querido.  La cantidad de cosas por hacer es mayor, es lógico. Pero últimamente el tiempo pasa lento, lo tengo a mi favor, me alcanza para todo.

17 de Marzo del 2012.
La gente cada vez está peor no contestan los saludos, no se ayudan entre sí. Todos están tan ocupados en sus actividades, a mí el accidente me hizo desocuparme un poco.  Estar tan cerca del abismo te obliga a verlos, a dejar por un momento de concentrarte en ti. Todos corren, ocupados en llegar a tiempo, en aprender, en adelgazar, en llegar a ser lo que se propusieron ser. Y nadie reflexiona sobre el por qué estamos aquí, nadie quiere notar qué somos en este momento. 

20 de Marzo del 2012.
Hace mucho tiempo no era feliz después todo. Cuando se fueron mis padres odié al mundo, a mis padres por dejarme solo, a mis hermanas por no cuidarme y a mis tíos por no haber muerto ellos. Pero  tú me regresaste a la realidad, mi muchacha de pelo largo, mi efímera alegría. La única persona que me ha amado y que he amado. ¿Tú también tenías que morir? Una noche de fiesta, una bala perdida, un último suspiro. Y ese fue tu final y el mio. Porque tu te fuiste, me dejaste aquí perdido, sin entender que seguía haciendo entre ellos. Ahora entiendo lo que decías. La fuerza la encuentro en los demás, así como me enseñaste a encontrar fuerzas en ti.  Necesito el café de Paulita que me hace sentir bienvenido, a mis amigos que siempre han estado allí aunque yo haya querido verlos, a mis hermanas, a mis colegas, de las señoras que contagian su risa en los parques. Nos complementamos, y les pertenezco. Necesite cinco años  sumido en el rencor, un accidente y un milagro médico para lograr descifrar lo que quisiste enseñarme. Donde quiera que estés te doy las gracias.  

Fecha desconocida, al final del diario donde alguna vez escribí lo que pagaría en total el seguro.

Comprendí el porqué del Diario. Pero las dudas siguen en mí; ¿Cuándo termino de escribir? ¿Cuándo vuelvo a ver a los que se fueron? ¿Dónde estoy? ¿Hace cuánto tiempo morí?


13 febrero 2012

Sin canción de amor

Por Maria Fernanda Sandoval

La mitad de Febrero se acerca, 
más no a todos provoca cantar. 
Los sonidos se hicieron silencios, 
para nosotros que olvidamos amar. 

De qué sirvió nuestro amor de mentiras,
desenlace sin puntos finales.
Qué te dejó mi poesía y mi vida, 
si ahora son palabras y frases banales. 

No aprendí a robar tiempo al tiempo,
no voy a enamorar al desamorado,
me cansé de inventar el momento,
no podemos vivir del pasado. 

La canción que cantamos un día,
comprendamos, no nos va a durar. 
Las caricias, las risas, los besos,
son mentiras, ya no nos hacen cantar.