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22 marzo 2011

Empezando con "E"

Por Regina Asturias.


Cuento 1:

“Enriquito en el espejo”

En el estudio estaba Enriquito el elefantito entretenido escogiendo elegantes espejos esféricos. Esperaba encontrar estos especiales espejos en el estante elevado. El elefantito esperaba elevarse estirándose extremadamente. Esperanzado, él esforzó, esforzó, esforzó. Entonces extenuado escalo el escritorio.

Cuento 2:

“Entre Enanos, estatuas, (y) Elfos entrometidos”

El enano espeliologo Earl elaboraba esbeltas estatuas estudiadas. Estaba escogiendo el escalfilador exacto entre escombrosas estanterías. Entonces enmudecido espantado. Enfrente estallaron encendidas estrellitas, ennegreciendo esa escultura. El enano entonces ebullía en enojo. Entonces emergió Errol. El elfo escritor exploraba estrechas estancias enterradas esperando encontrar ese estro especial. Errol entendió, ese enojo era escrúpulo, entonces explico el error. Earl entonces escuchó entretenido eternas eras élficas en esplendidas exposiciones escénicas.

Bonus:

El enojado escarabajo Esteban emigraba entre estaticias espinosas en el estanque, encarando esperancitas envueltas en encaje.

15 febrero 2011

Visita a Mi Conciencia


*Por Regina Asturias
El camino avanza rápidamente, kilómetro a kilómetro dejo atrás un paisaje de recuerdo, una vida ya olvidada que muere lentamente sin dar tregua a protestar.

Tortura mi conciencia el sonido de la tierra al ser aplastada por una metálica caravana.

Una piedra en el camino zarandea mi ser, y al levantar la vista, se posa ante mí el aquí y Aprieto fuertemente el rifle que me dará a respetar. Que esperanza hay si aquello por lo que lucho no es libertad. Un títere sin voluntad, un muñeco de trapo que enfrenta un tirano llamado política y de apellido militar.

Una curva en el camino, y a lo lejos puedo ver, la blanca fachada, recubierta de cal y algo más. El campanario, que en su mutismo, viste de luto. Un río de lágrimas, tejas y escombros sirve de portal. Me recibe una calle desierta y un nublado atardecer.

Un escalofrío me recorre la espalda, y oigo al viento susurrar. Es el silencio de quienes ya no pueden cantar.

Son los fantasmas del dolor, inocentes pidiendo una explicación.

*Con este relato le damos la rebienvenida a Regina Asturias, de la Facultad de Psicología, quién, atraída por la belleza de la Caverna, nos alcanza en nuestro andar hacia la profundidad mas asombrosa. 

07 octubre 2010

Una Mosca en el Pan

Por Regina Asturias*


        La luz del día se estaba ocultando, y la llegada de la noche no me entusiasmaba nada la verdad. Iba tranquila, revoloteando por allí, esquivando gente que si me veía, intentaba apartarme de un manotazo. En esas estaba, cuando una puerta se abrió ante mí. Del interior del lugar, claramente iluminado con la luz artificial de los bombillos en las lámparas, nada como el sol, pero por lo menos no es oscuridad. Con ese pensamiento, me aventuré al interior del local. Dentro, había un olor delicioso. Mezcla de muchas cosas, que hizo que mi estomago se emocionara.

Di una vuelta por todo el lugar, y el olor de una mesa fue el que más me atrajo. Como hipnotizada, me dirigí a esa mesa, para encontrarme a una señora, un tanto arrugada, con cara de mal humor. La verdad, poco me importó en ese momento el resto del lugar.

Había encontrado donde poner en práctica dos de las cosas que más me gustaban en mi corta vida. La primera, comer. Y la segunda… la segunda era molestar a las personas.

Desde que era pequeñita, no más que una larva, sufrí con los humanos. Ellos creen que dominan el mundo, y que tienen derecho a acabar con nosotros, solo porque son más grandes. Pero cuando pude volar, y descubrí que era muy ágil para esquivar matamoscas, spray mata bichos, y zapatazos, me di cuenta que yo también podía molestarlos. Y esta señora era una perfecta víctima. En cuanto me vio, comenzó a intentar aplastarme, pero yo era demasiado ágil para ella. El objetivo, posarme en el pan que con tanto énfasis protegía de mis “mugrientas patas”.

Al cabo de un rato, y luego de que la señora me lanzara cuanto encontrara a mano, logré pasearme por la superficie del pan. Era una victoria, pero había sido demasiado simple. Así que me propuse ir a por el plato de pollo y arroz que tenía enfrente. Además, eso olía mejor que el pan. Di una vuelta sobre su cabeza, y me posé en su cabello. Comenzó a sacudir su cabeza, pensando que todavía estaba allí, pero yo solo la observaba desde atrás. Era divertido molestar a los humanos.

Sin embargo, luego de unos minutos de entretenido juego, la atención que tenía se esfumo. Volé alrededor de su cabeza, sobre la comida, me paré y caminé por todo el plato, pero pareció no notarlo. Aburrida de que la diversión hubiera acabado tan pronto, me dirigí a otra mesa. Frente a la ventana, había una pareja, sin embargo, tampoco ellos me prestaron atención. Caminé por toda la comida, una lasaña blanca, casi intacta, y una tortilla. Como parecía que no les importaba que caminara por su comida, me disponía a irme a buscar otra mesa, cuando un fuerte olor me atrajo.

El olor provenía de una copa frente a la quesadilla. Me acerqué intentando descubrir que era. Era un líquido rojizo, con una mezcla de olor frutal y alcohólico. En cuanto estuve lo suficientemente cerca del líquido, mojé las patas, y me posé en la orilla interior del vaso. La tentación me venció, y lo probé. Era algo… algo como nunca antes había probado. De repente, me sentía más despierta, con más energías que en mucho tiempo.

Volé y volé. Di vueltas por todo el lugar, zumbando de un lado para otro. Las luces de las bombillas me parecían el doble de interesantes, y me pegué de golpes contra ellas intentando alcanzar la luz. Seguí volando, y regresé al vaso con el misterioso contenido. Di otro sorbo y salí del vaso. Me sentía extraña. Cada vez me costaba más llegar a donde quería llegar. Tuve que dar unas cuantas vueltas de más para llegar a la mesa con la señora y su pan.

Si antes me sentía viva, ahora poco a poco iba perdiendo todas las energías. Cuándo y cómo llegué al pan… no estoy segura. Solo sé que caminaba por la orilla del plato cuando el suelo se me terminó y caí de espaldas a la mesa. Intenté darme la vuelta, pero estaba muy cansada… cada vez me costaba más mover las patas, y las luces arriba mío eran cada vez más… Entonces, súbitamente fui tragada por la oscuridad. Dejé de sentir mi cuerpo, y mi mente navegó esa oscuridad.


*Regina Asturias cursa cuarto semestre en la Licenciatura de Psicología Clínica de la Facultad de Humanidades de la URL. Con este primer cuento le damos la bienvenida al club.