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09 septiembre 2011

Una carta mientras respiras

Por Haroldo Valdizón

Una carta mientras respiras:

Querido tú:
Gusto en saludarte, desde mi universo insignificante del que tus ojos no pueden ver, y no lo miras no porque no puedas sino porque no quieres. Talvez te preguntes quien soy y de donde vengo. La verdad es que no se como me llamó, pero tu especie me nombro con una palabra que, a mi gusto, me parece graciosa, me llamaron aire y tube que acostumbrarme a ese nombre, que debe ser tan malo para que nadie más lo use. No se de donde salí ni cual fue mi comienzo pero estoy desde hace tiempo, incluso antes de que alguien pensara en crearte, creo que tu llegada significo el paso en que me empeze a sentir util. De cualquier manera hoy te escribo, sin animo de que tu también me escribas, simplemente quiero expresar lo que hace tanto tiempo he querido decir. Te veo y te envidio a la vez, andas por ahi indiferente a lo que sucede a tu alrededor, piensas que todo no cambiará y lo que cambia es por consecuencia tuya. Lo hermoso que existe para ti es normal, lo que te causa tristeza aunque tenga solución lo miras como un gran problema. Lo que tu llamas amor lo confundes con obligación de querer, es decir que piensas que tienes que amar para no sentirte solo.
Piensas que tu vida es corta y aburrida sin saber que se vuelve larga y alegre si haces lo que mas te gusta. No entiendes de soledad, sino preguntame a mi, y en cambio aunque tengas compañia, te niegas a querer estar con alguien. Ignoras la naturaleza, la luz del sol pero lo más asombroso, ignoras de mi presencia. Tantas veces que quise decirte esto y aunque sentias el movimiento de mi cercana presencia, no relizabas ningun cumplido por mi laborar. ¿No crees que si quisiera hacer tornados por todos lados, lo haría? , pero no lo hago por que no esta en mi ser malo y despiadado, solo lo hago cuando la envidia me gana. Dicen que yo soy el que te da vida pero la verdad es que no, la vida ya la traes tu. La vida la obtienes si ni siquiera rogarla, lo que desearía yo para poder sentir eso que ustedes llaman vivir. Por eso busco en cada instante entrar en tu ser y formar parte de eso. Yo simplemente me uno a esa energía mágica por la misma envidia, en cada respiración que
haces me fundó en esa vida que yo desearía tener. Hablan de la muerte con tanto miedo y tristeza sin saber que pasar el resto de la historia en la tierra también es un martirio. Te lo digo yo que llevo muchos años haciendo lo mismo, nada. Como quisiera dejar este lugar y empezar en uno nuevo, de ese que ustedes llaman cielo. Pero en fin no es solo de esto que quiero hablar, sino que te informo que ya no estaré en este mundo. Me marcho a otro lugar donde me valoren más. Donde mi presencia sirva de inspiración para la nueva especie y donde no exista tu indiferencia con los demás. Aquí en la Tierra lo único que falta es que le pongan precio a mi presencia, que si alguien quiere respirar deberá dar su cuenta de Banco primero. Ante esta partida, te pregunto ¿Qué harias?, ves ahora que te preocupa. Y me marcho porque nunca agradeciste que existiera, y no quiero que me hagan un altar o me convierta en su objeto de veneración, pero era tan dificil un gracias ó que bien me haces sentir. Empieza a cuidar la parte de mi que aun tienes en tus pulmones para ver si te alcanza. Ojala mi partida no empieze un conflicto entre tu y yo. Si todavía quieres un poco de mí empieza a mudarte a mi nuevo lugar donde serás bienvenido si valoras las cosas. Las cosas como la vida, la amistad, la compañia y hasta de las más pequeñas como un rayo de sol en plena lluvia o una gota de agua despues del verano o cosas como yo. 

Me despido de ti, con el deseo de verte pronto, a ti y a los que se animen a cambiar.

Attentamente: El aire

31 agosto 2011

Cayeron tomates del cielo

Por Haroldo Valdizón


Los tomates cayeron del cielo, o a menos eso creí. Cuando sentado en una banqueta, uno cayó cerca de mí. Lo recogí para dárselo al que hace poco tiempo era su dueño pero cuando la vi supe que todo era un sueño. No pretendo ser un exagerado y salirme de la realidad pero créanme cuando les digo que como su sonrisa no hay nada igual. Nerviosa por creer que había hecho el ridículo mientras que yo trataba de agradecer a los cielos lo ocurrido. “Creo que esto te pertenece”, expreso el sarcasmo dentro de mi, mientras que ella aun roja dijo: “Que pena que me hayas observado”. No entendí lo que pasaba pero de mi boca salían las palabras perfectas las que ella creía que eran verdad, las que uno dice sin saber lo que esta diciendo pero sabemos que a las mujeres les gusta. Dentro de mí despertó el poeta inspirado en su belleza. Sabía, por experiencia del pasado, que los piropos ya no eran utilizados, pero algo dentro de mi tenía ganas de expresar su belleza, como si fuera un ciego y tuviera ganas de describir el color rojo. Pero igual que el ciego no encontraba palabras para describirla. Entre un intento desesperado, pensé en decirle que tenía la sonrisa más hermosa, que ella tubo que haber sido la Mona lisa y no la que ahora nos presentan, pero en cambio dije: “Tienes una sonrisa única”. Y su risa quebró el silencio, acompañado de una necesidad de ir a dejar los
tomates que apenas sobrevivieron al atentado que provoca perder el equilibrio. Pero antes de decir adiós menciono las palabras más lindas que alguien le puede decir a otra persona que apenas conoce, “Ojala te vuelva a ver”. En ese momento comprendí que a veces uno no sabe como será un día, si bueno o malo. Estamos predestinados a sucesos que ni nosotros conocemos. Y me recordé del sueño de ayer donde teniendo en sueños a un pez en el agua era feliz, el pez era ella que me había hecho feliz por hoy y mañana encontrare a mi nuevo pez que igual me hará feliz.