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15 noviembre 2011

Una estadía transformada

Estimada Caverna:

Las últimas semanas me has demostrado un lado de la literatura que desconocía. He vivido
rodeada de muchos textos literarios, sin embargo nunca había tenido la oportunidad de
compartir mi amor por las letras como lo he llegado a hacer dentro de tus paredes. Me he sentido
maravillada tanto por los textos que tú nos mostraste como por los que han sido escritos por mis
compañeros. Es sorprendente como un par de líneas pueden llegar a tocarte el corazón, mostrarte
mundos e ideas que nunca te imaginabas, y de algún modo, cambiar tu vida.

Me he sentido identificada con lo que he leído y con la opinión de las personas que han publicado.
También he sentido un gran apoyo por todos aquellos comentarios que, independientes de ser
buenos o malos, me han ayudado a convertirme en una mejor escritora y me han motivado a
seguir. Me gustó que cada semana nos propusieras un tema que nos exigía hacer uso de nuestra
creatividad y expandirla para crear algo completamente nuevo. Fue interesante ver como cada
quién abarcaba el tema de distinta manera, con una perspectiva muchas veces similar y otras
diferente a la mía.

Creo que todas las personas que tienen la oportunidad de formar parte de la caverna terminan la
experiencia siendo mejores escritores y mejores personas. Así como me sucedió a mí.

Así que quiero agradecerte por ser ese espacio que los escritores apasionados en búsqueda de
la aventura en el mundo de los libros utilizan para desarrollarse y crecer. Gracias por darnos la
oportunidad de compartir nuestras ideas con todos aquellos que forman parte de la Universidad
Rafael Landívar.

En mis planes esta volver a visitarte.

Atentamente
Claudia Solares

09 noviembre 2011

Un día en la vida de una ingeniera

Por Claudia Solares


Mis nervios eran incontenibles. La ansiedad aumentaba con cada segundo que pasaba. Por alguna razón, la espera se sentía eterna. Para cualquiera era tan solo un corto sin valor alguno. Pero para mí, una estudiante de ingeniería química, lo era todo. No me importaba ser la mejor obteniendo el mayor puntaje, lo único que quería era escuchar mi nombre. Y es que el nombre propio nunca se escucha tan bien como en el momento en el que el catedrático encargado de laboratorio lo pronuncia.

Hay ciertas cosas que pueden estresar el día de un estudiante de la Universidad Rafael Landívar, cómo el no encontrar parqueo cerca, ver que todas las mesas de la cafetería están ocupadas, tener que hacer una cola enorme en la Xerox para imprimir o fotocopiar algo, etc. Pero para mí, lo peor que puede sucederme es perder un corto de laboratorio.

Después de pasar largas horas investigando, escribiendo…llorando. Lo último es broma, pero si hay veces que el deseo de hacerlo es demasiado. Después de todo eso, el ver como algunos fueron llamados y entraron con mucha emoción hizo que entrara en frustración por un breve instante. Digo breve porque sonreí al darme cuenta de algo increíble…no tenía que hacer post laboratorio.

El alivio era grande, más la preocupación seguía invadiendo la paz de mi día. Era la primera vez que me sucedía, pero estaba decidida a que sería la última. Y así fue…No fue nada fácil, porque me he dado cuenta que en esta carrera nada lo es, pero tampoco fue imposible. Y fue en ese día en el que decidí que jamás me daría por vencida.

02 noviembre 2011

Ilusión

Por Claudia Solares


“¿Segura que no queres venir?” Pregunto la mamá de Lucía. Ella sabía que era importante que fuera, era 1 de noviembre, día de juntarse con su familia a comer fiambre. Pero era su oportunidad para saber que eran los sonidos que había escuchado a lo largo de la semana. “Segura” respondió Lucía con una sonrisa. Entonces su mamá le dio un beso en la frente y cerró la puerta detrás de ella, dejando a Lucía sola en el corredor de la entrada.

Se dirigió a la sala de su casa y se sentó en el sillón más pequeño. Cruzó sus rodillas debajo de ella y recorrió su alrededor con sus ojos. Le gustaba su nueva casa, era mucho más linda que la anterior, pero en ese momento le pareció demasiado grande. Aún no se acostumbraba a ella. ¿Y cómo hacerlo? Si no llevaba ni un mes de haberse mudado. El silencio parecía eterno, por un momento nació en ella el arrepentimiento por no haberse ido con su mamá. 

De repente hubo un sonido, ella pegó un salto, dejando caer el cojín que estaba sosteniendo y exhalo profundamente cuando se dio cuenta que era sólo el teléfono. Fue a contestar y se alegró al escuchar la voz de su prima.

“Vas a venir a comer fiambre?” preguntó una voz en el teléfono. “No, tengo cosas que hacer y además sabes que no me gusta.” Respondió Lucía. “Si lo sé, pero hace tiempo que no te veo…” Lucía se sirvió un vaso de agua mientras hablaba con su prima. Finalmente colgó y regresó a la sala, a sentarse donde estaba.

Algo no parecía estar bien. Sentía una sensación extraña, pero no estaba segura de que era. Inspeccionó la habitación hasta que lo vio… El cojín que había votado estaba ahora colocado perfectamente en otro de los sillones. Su piel se erizo, sentía como su corazón se aceleraba. Quería salir corriendo, pero había algo dentro de ella que la impulsaba a quedarse y descubrir que era lo que estaba sucediendo.

Subió a su cuarto para buscar una linterna en caso de que se fuera la luz. Cuando por fin la encontró, escuchó un ruido abajo. Despacio, pero con determinación, fue bajando las gradas hasta que llegó al lugar de donde provenía el sonido. El vaso que se había servido estaba en el suelo, el piso mojado, pero el material estaba intacto. No había pedazos de vidrio rotos, ni tampoco rajaduras en él.

Cuando se agachó para recogerlo, se apagó la luz. Inmediatamente se levantó y encendió la linterna. Le temblaba la mano y su respiración estaba agitada. Alumbró hacia la puerta de entrada, comenzó a acercarse cuando de pronto una sombra pasó corriendo frente a ella, seguida de una sonrisa siniestra.

Lucía se tapó la boca y lagrimas comenzaron a salir de sus ojos. No sabía qué hacer. Ella sabía que había algo en esa casa que no estaba bien, lo supo desde el momento en el que entró a conocerla. Pero no le había dicho nada a su mamá, quien estaba maravillada por el precio que estaban pidiendo por ella.

Corrió por la puerta trasera y se adentró en el bosque. No sabía hacia donde se dirigía, no había casas cerca de la de ella. Tenía que llegar a la carretera, era su única salida. En medio de su terror, se detuvo. Volteó la cabeza y vio encendidas las luces de su casa. Entonces pensó en su mamá. Tenía que llegar al teléfono para pedirle ayuda.

Cuando entró de nuevo se acercó a la cocina donde había dejado el teléfono. Pero no estaba ahí, tampoco la estufa que habían comprado, ni la refrigeradora… Salió a la sala, no había ni un solo mueble en toda la casa. Fue entonces cuando lo recordó…

Jamás la habían comprado.

28 octubre 2011

Buscando la Luz

Por Claudia Solares


Hay días en que todo esta mal,
y las cosas no salen como queremos.
Dejamos de creer en nuestras capacidades,
y a nuestros sueños adormecemos.

Estamos listos para rendirnos,
para caer al suelo y jamás levantarnos,
No nos interesa buscar la luz
y al negativismo nos aferramos.

Es entonces cuando algo inesperado sucede,
cuando alguien aparece en nuestro camino.
Nos recuerda algo que olvidamos,
o algo que considerábamos perdido.

Nos demuestra que nuestros problemas,
No son tan graves como pensamos.
Tenemos bendiciones por las cuales ser felices,
pero muchas veces las desvaloramos.

Por afanarnos y frustrarnos
No apreciamos lo que verdaderamente es importante.
Nos enfocamos en lo peor,
cuando lo más bello esta adelante.

Es entonces cuando nos levantamos,
Con una sonrisa en el rostro y con el corazón en la mano
Y nos damos cuenta que a pesar de todo,
Nuestro esfuerzo y dedicación nunca serán en vano.

Retomamos nuestros sueños
Y olvidamos los fracasos
En vez de tambalearnos,
Más fuertes damos los pasos.

Con un gesto, una palabra
O solamente una sonrisa
Las tormentas son transformadas
En una tranquila brisa.

Con una sola persona que este con nosotros
En nuestro momento más duro,
Somos capaces de escalar montañas
O de destruir cualquier muro.

Cuando alguien nos sonríe
Y nos tiende una mano,
Nos hace sentir que valemos,
Que nuestra existencia no es en vano.

Muchas veces un pequeño empujón es lo que necesitamos,
Para poder ver con claridad lo que realmente buscamos.

La luz está en las personas,
La luz está en las acciones
La luz está en el amor,
La luz está en las relaciones.

La luz está en todas partes,
Incluso en el silencio.
Está en valorar a los demás,
Está en el aprecio.

Debemos valorar a los demás
Si queremos ser valorados
Y brindarles una sonrisa a todos
Incluso cuando estemos cansados.

Porque así como esa sonrisa,
Nuestro día pudo haber alegrado.
Al devolvérsela a alguien más,
Su vida habremos cambiado.

11 octubre 2011

La Incerteza

Por Claudia Solares


Tome como inspiración el poema de Tomas Tranströmer llamado Kyrie. Escribí en relación al tema que este poema presentaba, el cual, según mi interpretación habla del como nos sentimos en momentos difíciles o solitarios y cómo al final llega siempre alguna luz que nos ayuda a seguir adelante y vencer nuestros miedos.
 
KYRIE

A veces, mi vida abría los ojos en la oscuridad.
Una sensación como de mutitudes ciegas e inquietas,
que pasan por las calles camino de un milagro,
mientras yo, invisible, permanecía inmóvil.
Como el niño que se duerme con miedo
escuchando los pasos pesados del corazón.
Largo tiempo, hasta que la mañana pone sus rayos en lacerradura
y se abren las puertas de la oscuridad.
-Tomas Tranströmer

La incerteza


A pesar del ruido, habitaba un silencio inmenso.
Detenida en una multitud de personas,
Sin saber la dirección de su siguiente paso.
La confusión y la indecisión despertaron su miedo.

No había en su corazón lugar para las alegrías,
Pues su mente estaba envuelta en afanes.
Pasando el tiempo en la inercia y en la quietud de la penumbra,
su vacilación se acrecentaba.

No esperaba una luz o una salida,
Pues gozosa le era por momentos la angustia.
E indiferente le era la dicha.

En un inesperado momento, llegó el resplandor del amanecer.
El que se reflejaba en sus ojos a pesar de la oscuridad de la noche.
El claror nunca fue tan intenso,
Como aquel día cuando halló la respuesta.

27 septiembre 2011

Mi forma de leer

Por Claudia Solares


Para mí la lectura puede ser desde un viaje a un mundo distinto hasta una forma de aprender y obtener conocimiento. De cualquier manera, nos ayuda a crecer tanto mentalmente como moral y emocionalmente. Lo que más me gusta leer son libros que dejen alguna enseñanza, que de alguna manera nos ayuden a salir de problemas o a obtener un nuevo punto de vista acerca de la vida. También me gusta los que son de misterio y amor, aquellos que son capaces de hacernos sentir emociones irreales y de enamorarnos de la historia y sus personajes. Cuando comienzo con un libro que me llama mucho la atención, para mi es casi imposible soltarlo. Lo llevo por todos lados para aprovechar seguir con la historia cada vez que pueda. Aunque me gusta más leer en la tranquilidad de mi cuarto o en la pérgola de mi casa, donde puedo dedicarle toda mi atención.

No tengo un autor favorito, pero sí tengo libros favoritos, aquellos que pueden leerse una y otra vez encontrando detalles que no habíamos notado antes, sin cansarse de ellos. En esta ocasión quiero enseñar un poco a cerca de un libro que me dejó mensajes muy bellos. El autor es Paul Young y su libro se titula “The cabin”, en español es La Cabaña:



“La gracia no depende de que exista el sufrimiento, pero donde hay sufrimiento hallarás gracia en muchas facetas y colores.” (…) “Nunca menosprecies la maravilla de tus lágrimas. Pueden ser aguas sanadoras y un torrente de dicha. A veces son las mejores palabras que el corazón puede decir.”

Escogí estas dos frases porque, a mi parecer, están llenas de sabiduría. Nos enseñan que es esencial expresar nuestros sentimientos y sacar todo aquello que nos tiene mal. Porque haciendo esto, vamos sanando poco a poco. Y no son necesarias las palabras, porque las lágrimas son nuestra mejor voz en los momentos más difíciles. Y también nos demuestra que con la actitud adecuada podemos encontrar alegría y gozo en dichos momentos. Son mensajes muy valiosos que quise compartir con los lectores en este artículo.

Leer es un viaje, donde no es tan importante el destino sino la transformación que tenemos a lo largo de este.

20 septiembre 2011

El reflejo de la pasión

Por Claudia Solares

Se miraba en el espejo, los nervios la invadían, pero al mismo tiempo la motivaban. Era el mismo rostro que había visto por muchos años, pero algo había cambiado en su mirada. Una nueva determinación salía de sus ojos. Y es que después de tanto esfuerzo y dedicación, finalmente había encontrado la pasión que buscaba; una que no dependía de la cantidad de prácticas, sino del corazón.

Volteó a ver sus viejos zapatos de baile, sabiendo que era el inicio de una nueva etapa en su vida. Dio un último vistazo a su reflejo, anhelando con toda el alma que los demás pudieran ver lo que ella ahora veía en sí misma. Suspiró profundamente, se sonrió como nunca lo había echo…y después de unos segundos, salió a escena.

06 septiembre 2011

En cuatro patas

Por Claudia Solares


Querido Dios:

Después de haber pasado todo el día recostado, decidí escribirte una carta.

Primero quiero agradecerte por hacerme como soy. Mi vida es sumamente cómoda, me la paso
durmiendo la mayor parte del día o jugando. Mi familia me quiere tanto que me tratan como
si fuera de la realeza. Aunque algunas veces no me dejan hacer todo lo que quiero. Lo cual me
impulsó a hacerte un par de preguntas.

Cuando llegue al cielo, ¿podré subirme a los sillones o será igual que en mi hogar dónde el
único mueble al que se me es permitido subir es mi cama?, ¿podré morder y jugar con todos los
peluches? ¿O sólo me dejarán tocar mis juguetes “especiales”? ¿Podré perseguir al cartero que te
entregue esta carta? ¿O tú también me amarraras para evitarlo?

¿Por qué es tan difícil comunicarme con los humanos? Cuando pido algo me callan y cuando ellos
me hablan, muchas veces no entiendo lo que dicen. De verdad me pregunto, ¿es sumamente
necesario que me hablen con una voz tan aguda cuando me hacen cariño?

Son seres sumamente extraños; les encanta oler las flores ¡Pero no se huelen a ellos mismos!
No les gusta que yo haga eso, por lo que me vi en la necesidad de aprender su forma de saludo.
Ahora les doy la pata o salto a abrazarlos cuando llegan.

Muchas veces soy premiado por los trucos que aprendo. Pero siempre es con las mismas aburridas
galletas en forma de hueso. ¡Nunca las cambian! ¡Es lo mismo con el concentrado! ¡No me cocinan
cenas especiales y encima no me comparten de las suyas! Por lo que yo te pregunto, ¿hay algún
delicioso buffet esperándome en el cielo?

¿Viviré en un lugar repleto de jardines donde pueda correr y jugar? Espero que sí. Además lo
necesito para poder ir al baño. A veces no entiendo porque me regañan cuando lo hago en la
grama, me refiero a cuando lo hago en esa tan acolchonada y calientita. Esa que les gusta tanto
que hasta le tienen un nombre diferente; le llaman “cama”. No entiendo cual es su problema, yo
duermo en el jardín rodeado de mis orines ¡y no me quejo!

Espero que en el cielo me encuentre siempre limpio, porque no me gusta que me bañen, mucho
menos que me vistan. ¿Acaso no entienden que mi pelaje es suficiente? A veces veo a mi familia
pasando horas frente a un espejo (me tardó tiempo entender que el del otro lado no era otro
perro, sino era yo), se la pasan observando lo que tienen puesto y cambiándose una y otra y otra
vez. Más aún cuando tienen una cita (¿tendré yo alguna así?).

Luego cuando regresan se la pasan diciendo “¿Será que le gusto?” No entiendo por qué no pueden
simplemente hacer como nosotros y mover la cola cuando nos gusta otro perro. Lo que me lleva a
mi última pregunta; honestamente Dios, ¿dónde les pusiste la cola?

Debo irme, escuché que compraron zapatos, ya sabes lo que significa; ¡Juguetes nuevos!
¡Hasta Pronto!

Te envía saludos, una noble mascota en cuatro patas.

23 agosto 2011

¿Por qué bailar?

Por Claudia Solares


En nuestra vida hemos sido bendecidos con un sinfín de dones, habilidades, talentos. Pero ninguno de ellos serviría sin nuestra capacidad para movernos. Realmente nuestro cuerpo es el mejor instrumento que tenemos, sin embargo no sabemos cuidarlo, apreciarlo ni aprovecharlo. No estamos conscientes de las cosas maravillosas que podemos realizar con el. Yo por ejemplo, desde pequeña aprendí una nueva forma de expresarme: bailando. Sin importar los acontecimientos de mi día, bailar siempre me da nuevas energías, una sonrisa y la enorme satisfacción de saber que tengo el privilegio de vivir, de hacer lo que me gusta y, por supuesto, de moverme.

La mayor parte del tiempo no estamos conscientes de lo afortunados que somos de poder movernos. A veces sentimos que tenemos un día muy aburrido y poco interesante, cuando hay personas en hospitales que no pueden levantarse, otras a las que les falta alguna extremidad y desearían poder hacer lo que nosotros hacemos. Lo que realizamos en un día “aburrido” es para muchos otros su sueño. Vivimos quejándonos cuando deberíamos estar agradecidos. Y si podemos movernos, ¿por qué no lo hacemos? Especialmente en nuestro país, somos testigos de injusticias que se dan cada día en todo lugar. Abusos, discriminaciones, rechazo, pobreza…y no hacemos nada al respecto. ¿Es porque no nos damos cuenta? ¿O porque realmente no nos importa? Vemos personas pidiendo limosna en las calles; mujeres, hombres, niños, ancianos e incluso personas discapacitadas. Pero actuamos indiferente hacia ellos, incluso lo vemos como algo “normal”.

Nos sentimos muy cómodos en nuestra posición que no nos interesa actuar en beneficio de otros. Tenemos todas las herramientas a nuestra disposición para poder movernos y actuar. Así que la próxima vez que sientas que estas teniendo un día poco productivo y aburrido, cambia de actitud y MUEVETE.