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17 junio 2012

Amargo perdón


Por Gabriela Sosa

Tus escurridizas verdades se han quedado sin fuerzas,
es tiempo de poner cartas sobre la mesa;
se quedan sin ganas las pobres de esconderse,
tan elusivas normalmente, finalmente se hartaron de huir.
Tus ciegos pulmones vuelven a respirar,
al observar las verdades hacerse presentes;
han decidido dar su crudo testimonio.

En fila entran, cada una modestamente
y extendiendo sus manos ante la fría audiencia,
cuenta tormentosamente su historia.

La amurallada noche rodea con su protección a las victimizadas señoritas verdades,
mientras éstas sangran sus brillantes llantos de frustración;
se negaban, se negaban a dejar salir sus palabras una vez secuestradas,
pero saben que la cruel hora en esa silla será la última vez que verán a sus estrepitosas carceleras penas, tus labios.

La corte las declara libres:
soltándolas todas, corren estoicas por la ciudad, la noche no logra contenerlas,
salen huyendo por las amargas calles de tus ojos,
nadando por tus suaves lágrimas,
buscando amargo perdón.

10 junio 2012

Mirada kilométrica


Por Gabriela Sosa


Tenía una de esas miradas kilométricas, que al dirigirte una pareciera venir de algún lugar lejano, como si su mente se encontrara a miles de kilómetros. Parecía ocultar tanto detrás de esos ojos, una tristeza disimulada que disfrazaba con sus palabras. No sonreía seguido, mas al hacerlo, era una sonrisa que iluminaba todo el cuarto; era algo especial esa sonrisa, no se la daba a cualquiera, te hacía trabajar por esa sonrisa, te hacía ganártela.

Hablaba por hablar a veces, para encantar, para atraer; hablaba también por reclamar, por convencer, por corregir; como ama él corregir, contradecir;  sin saberlo podía destruir mundos enteros con sus palabras, clavar un cuchillo en la herida que más duele. Pero sus palabras escritas, un poco más inocentes, mas no dulces; simplemente honestas, no tan tajantes; brillantes, no muy versadas, esas eran más escasas aún, trabajosamente inspiradas; tenía grandes ideas. Podía hacerte pedazos en un minuto con su voz cortante, pero levantarte en un segundo con una línea de su puño y letra.

De lejos podría ser cualquiera, con ropas y andados comunes, con esa falsa arrogancia que seguido ataca los jóvenes que creen saberlo todo, de esos que siempre están a la moda, aparentando apariencias. Pero llevaba dentro una luz que casi nadie nota, de esas que provienen del mismo lugar que sus miradas: sus ojos, eso era la puerta. Podía vestirse y actuar como todos, pero en sus ojos se traicionaba ese algo extraordinario que no todos tienen; ese algo que todos buscan, ese algo que todos anhelan tener o tener cerca, ese algo por lo que se han inspirado batallas y escritores por siglos, esa magia que todos describen pero pocos conocen.

Lástima que no lo sabe. Pareciera, pero en verdad no sabe lo extraordinario que puede ser. Lleva un vacío dentro, por eso se esconde tras esa pared de falsa arrogancia y cinismo punzante; porque no sabe o porque teme que todos sepan lo especial y frágil que puede ser; porque en realidad él mismo no sabe, aún no entiende, lo extraordinario y peculiar que puede llegar a ser; porque aún no se ha dado cuenta que tiene el mundo en sus manos y con sólo una mirada hace temblar el mío.

01 junio 2012

Buenas tardes...


Por Gabriela Sosa



-Buenas tardes.
-Buenas tardes.
….
1
2 minutos pasan:
-¿Así que…cómo funciona esto, sólo le cuento lo que me pasó durante el día o qué?
-Puedes contarme eso, puedes hablar de lo que desees.
-Mire, yo ni debería estar aquí, mi madre cree que estoy loco, por eso me trajo, pero no hay nada malo conmigo. Yo no soy el que está mal.
-Nadie dijo que hubiera algo malo contigo.
-Entonces…¿puede decirle eso a mi madre y que me deje en paz? Realmente, es sólo una pérdida de tiempo y dinero.
-¿Te preocupan los gastos de tu madre?
-No…tal vez…bueno, un poco…¿pero eso qué tiene que ver? Sólo dígale que no estoy loco y ya está. Es que a mí no me cree, pero si se lo dice usted…obviamente cree que usted sabe más que yo, a usted le hará caso.
-¿por qué específicamente crees que te trajo tu madre?
¡Porque cree que estoy loco! Ya se lo dije….
-¿Y por qué cree eso tu madre?
-Pues…
Baja la mirada y observa sus manos
1
2
3
4
5 minutos después:
-¿Sólo dígale que estoy bien, ok?
1
2
3
4
5 minutos
mira hacia todos lados y se fija en las paredes
-¿Por qué no tiene fotos de su familia? ¿No tiene hijos?
-Estamos aquí para hablar de ti.
¿-Cómo espera que le cuente algo si no sé nada de usted?
¿Quién es usted? ¿Dónde creció? ¿Tiene hijos? ¿Está casada? ¿Por qué no tiene fotos de nada? Sólo esos cuadros de árboles....¿por qué árboles?
-¿No te gustan los árboles?
-No, me recuerdan a la finca de mis abuelos….¡Pero no contestó mis preguntas!
-¿Vas seguido a la finca de tus abuelos?
-No…ya no, no desde…¡sigue sin contestarme!
-No estamos aquí para hablar de mí, pero si necesitas saberlo, no, no tengo hijos.
-Padres entonces, ¿por qué no tiene fotos de sus padres? ¿O mínimo abuelos? Pasa todo el día aquí, ¿no? ¿Cómo es que no tiene fotos de algo?
-¿Tienes tú muchas fotos de tu familia?
-Oh, algunas…las tomé yo mismo. Mis favoritas son aquellas donde nadie parece haberse dado cuenta que les tomé la foto. Parecen reales, honestos, sin tantas falsedades.
-¿Algunas de la finca?
-¿Qué le dijo mi madre de la finca? Porque le juro que no es lo que ella cree, es que ella piensa que estoy loco…desde que era pequeño lo cree, por eso no me cree…así como no me creyó entonces; cree que me lo invento para llamar la atención. Dígame, ¿por qué querría su atención?
-¿Por qué no la querrías?
-Nunca he sabido lo que es tenerla….¿por qué habría de quererla ahora? Mientras menos atención me ponga, mejor; puedo hacer lo que quiera…
-¿y qué quieres hacer que ella no sepa?
-Usted se lo diría, ¿no? Para eso está aquí, para contarle lo que le diga…pues no hay nada más que contar. Dígale, dígale eso: que ya le dije todo, ¿por qué mentiría? Si no me cree, es SU problema.
-Si no te importan sus problemas, ¿por qué te empeñas en que ella lo sepa?
-Yo nunca dije que no me importara, óigame, no ponga palabras en mi boca; simplemente ya me cansé de ayudarle. ¿Sabe? Tal vez es mejor que cada quien haga lo que quiera, déjela, que viva en su falsedad; déjela que viva así…que todos en la casa sigan viviendo así….
Voltea a ver su reloj, luego se levanta y sale corriendo sin despedirse; se había pasado la hora y quería llegar a casa antes que su madre viera así a su hermana. Tal vez no se había cansado aún de ayudarla….de ayudarlas a vivir su mentira. La psicóloga tenía razón, aún le importaba.  

27 abril 2012

Las no verdades de Emily


Por Gabriela Sosa

Viernes 13

Yo quería escribir aquí algo que significara algo, que marcara una diferencia, que le sirviera a alguien. No siempre fue así, muchas veces pensé en cambiar nombres y lugares, e incluso algunos detalles. Cambiar fechas, colores, palabras; prolongar vidas y tergiversar algo de lo que hicieron y dijeron, lo que me hubiera gustado que dijeran e hicieran tal vez. Pero eso sería caer en demasiado “wishful thinking”, ya no sería contar lo que pasó, sería ficción, mentira, una gran gran mentira. Otras veces imaginé escribirlo como si le hubiera sucedido a alguien más, porque a final de cuentas ¿quién creería que me había sucedido a mí? Ni siquiera yo misma lo creía. Pero también sería mentir: mentirme a mí misma, pues por más increíble que parezca, sí pasó y me pasó a mí.

Por mucho tiempo no me creí capaz de escribir; quería, deseaba tanto creer que podía hacer algo tan grande como mis libros favoritos, porque cuando se es niña todos los libros favoritos son gigantemente especiales. Al crecer uno deja ir algunos…o al menos eso decía mi madre que debía hacer, eso es lo que todos hacen. Pero yo no, no, los que más amaba se quedaron conmigo y lo harán siempre. Sin embargo, eran un recordatorio constante de lo poco que me creía capaz, cada vez que pensaba que podía hacerlo, descartaba la idea sin tratar. Ahora comprendo que eso es lo peor y más cobarde que puede hacer una persona: rendirse sin intentar. Al fin decidí renunciar a esa cobardía.

Sigo sin creer que lo que escriba importe, nunca será lo que yo quería, pero finalmente las ideas fluyen y de alguna forma logré convencerme que sólo porque alguna vez alguien dijo que yo no valía la pena, no significa que fuera cierto. Es lo que cualquiera que no haya pasado por eso no comprende: si pasas mucho tiempo escuchando que no vales la pena, eventualmente te lo crees. Ahora más que nunca sé que sí lo valgo y bastante: porque lo que me sucedió a mí, no le pasa a cualquiera. La magia no le pasa a cualquiera.


Domingo 18

Hace unos meses llegué a la conclusión que podría escribir una gran historia si quisiera, que dejara de tener miedo, que sí podía escribir, muchísimas gracias y no había nadie que pudiera evitar que lo hiciera;     que era hora de admitir que es lo que mejor sé hacer, aunque a veces aún no me lo crea, y que aunque a veces tampoco me crea lo que pasó, también tenía derecho a contarlo. Me está matando, ¿saben? Pasar toda mi vida con un secreto tan grande, ya no me importa lo que piensen, que estoy loca o enferma, si quieren tómenselo como algo real, si quieren como ficción; de una forma u otra yo contaré mi historia.

Todo empezó a mis seis años, en el jardín de la casa, aunque yo no lo sabía en aquel entonces, no lo supe sino hasta mucho después. Era un día entre semana, ¿cuál? No lo recuerdo, pero por razones de hacer mejor la historia digamos que fue un martes. Sí, los martes me gustan, fue un martes (ya sé que dije que no cambiaría detalles, bueno, lo haré pero les diré, para evitar después acusaciones de falsedad). Fue un martes en la tarde que lo vi por primera vez: no, no lo imaginé y no, no era un fantasma de la casa; ni tampoco estaba soñando ni jugando a amigos imaginarios; así que descartemos esas ideas desde el principio. Lo vi parado en el camino del jardín: un hombre, ni viejo, ni joven; a decir verdad no recuerdo bien su cara, sólo sé que llevaba camisa blanca y pantalón azul, al estilo de antes y su mirada, esa sí la grabé en mi memoria para siempre, una mirada de infinita tristeza, de esas kilométricas, una mirada que llegaría a conocer bastante bien al pasar los años.

24 marzo 2012

Himno a las palabras


Por Gabriela Sosa

Una palabra de afecto,
una palabra de reproche,
cargada de dolor,
una de amor,
una de cariño;
un te detesto,
un te aprecio,
un aléjate,
un por favor quédate,
miles de ideas, de palabras,
volando y zumbando,
tachadas y borradas,
esas que se quedan en el aire,
otras que se pierden en el silencio;
miles de palabras,
cada día, cada hora,
una nueva, otra igual,
combinaciones distintas,
unas se agigantan, otras se achiquitan,
cuántas, cuántas,
tantas, tantas,
miles, millones de palabras,
que llegan y se van del papel,
impresas en la mente,
talladas en los huesos,
susurradas en voz baja,
abandonadas en la punta de los dedos.

Tantas, tantas,
cuántas, cuántas;
palabras sin fin, palabras eternas,
que nos rodean, porque nos rodean,
que nos matan o nos atan, nos desatan;
tantas, tantas,
que no ven las líneas del cuaderno,
que se quedan sin leerse, sin decirse, sin atreverse,
cuántas, que cambian vidas, que rigen y que destrozan,
aquellas olvidadas, antiguas y desechadas;
todas, todas las palabras de este mundo inmenso;
cuántas, cuántas que ya no se aguantan,
que se pelean, luchan cada minuto, por anteponerse una a otra;
cuántas, todas las palabras amontonadas;
que no se miran, ni se sienten
pero comandan este mundo a su antojo,
porque nos comandan,
las palabras;
sin palabras,
no existiría el mundo.


- - - - -

Al ver el reto de esta semana, esperé como siempre, a que alguna idea surgiera en mi cabeza (por lo general lo hace el fin de semana). Sin embargo, lo que vino a mi mente fue algo que escribí hace como un año, así que lo busqué y luego de unas leves modificaciones, aquí está. No será mucho, pero es mi himno a las palabras que, después de todo, son las que en verdad rigen el mundo.