Cierto mozo andaba aquel día,
por la calle, deferente
de cualquiera que pasaba, gente,
y con la que todos gustan, alegría,
él saludaba y aludía
con garbo y exaltación
de tan elocuente educación
a todo el que veía:
"Buenas tardes, caballero
y señorita, las muy buenas
tardes, que son apenas
las dos en el relojero"
Empero quien lo oteara, bellaco,
no le correspondía el saludo,
sino, con ira de maniaco,
enfuriábase del hombre,
gritándole -¡En el nombre,
de tu madre, testarudo,
calla de una vez,
antes de que den las tres!-
Era en dicha hebdómada,
en la que todo, más lento,
volvíase, y el atento,
de los demás humanos
(a quienes llamaba hermanos
el fallecido nómada
de este mundo),
notaba el sentimiento profundo,
que atendían, sin entender,
de la significación que ser.
El uno lo tenía cual"cogitatum",
discuriendo sobre dicho fátum,
mas superfluo, algotro,
pensaba en el robre erguido,
en que el humillado "no-servido"
sucumbió de este mundo al otro,
y el que faltaba, más hambriento
gozaba de que su estado,
se conmemorara en aspaviento
con frutillas y pescado.
Pero la realidad mas verdadera
y la verdad más real
no era el sentimiento vanal,
si no el que garbo celestial
a todos difundiera,
representado, verbigracia,
en el más despreciado (por desgracia)
ya que dichoso era su estado.
Y este joven bienhadado
es ejemplar de lo que ha visto:
amor, pureza y felicidad, pasión.
Pues en este mundo la verdad
no es lo que presenta la hermandad
sino la realidad del corazón
por el advinimiento de Cristo